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Rachel Entrekin, la mujer que está reescribiendo las 200 millas

Su triunfo en Cocodona 250 tiene un peso histórico que trasciende la edición de 2026. Ser la vencedora absoluta, por delante de todos los hombres, coloca su nombre en un espacio reservado para muy pocos en la historia de las ultras. Y al mismo tiempo firma su tercera victoria consecutiva en la categoría femenina, una trilogía que convierte Cocodona en su ecosistema natural, en el lugar donde su talento alcanza su forma más pura.

Fotografía: Somerunner
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Hay corredoras que ganan carreras y corredoras que cambian la escala de lo posible. Rachel Entrekin pertenece a la segunda categoría. En un mundo donde las 100 millas siguen siendo, para la mayoría, la frontera del ultratrail, ella decidió instalarse más allá: en ese territorio extraño, casi lunar, donde el cuerpo deja de ser un límite y la mente se convierte en el único mapa fiable. Allí, en las 200 millas y en las pruebas de 48 horas, Entrekin ha construido un palmarés que no solo impresiona: descoloca.

Su nombre empezó a sonar en 2022, cuando ganó Across the Years 48h con 188 millas. Pero lo que entonces parecía una promesa se convirtió pronto en una constante: Rachel Entrekin no compite, domina. En 2023 volvió a ganar la prueba con más de 212 millas, un registro que la situó entre las mejores especialistas del mundo en esfuerzos prolongados. Ese mismo año encadenó victorias en Plain 100K, UTE 100 y varias ultras de 50 y 100 millas. Era evidente que algo estaba pasando: una atleta desconocida para el gran público estaba empezando a mover las placas tectónicas del ultrafondo norteamericano.

El salto definitivo llegó en 2024. Cocodona 250, la carrera que ha redefinido el ultratrail estadounidense, cayó por primera vez en sus manos. No fue una victoria táctica ni un golpe de suerte: fue una demostración de resistencia, ritmo y lucidez en un recorrido que castiga a cualquiera que se atreva a subestimarlo. Ese mismo año ganó Crazy Mountain 100 y Badger Mountain 100, confirmando que su rango competitivo abarcaba desde las 100 millas hasta los eventos multiday.

Pero 2025 fue el año en que Rachel Entrekin dejó de ser una revelación para convertirse en una referencia mundial. Primero, récord del recorrido en Cocodona 250, convirtiéndose en la única atleta capaz de repetir victoria en la prueba. Después, una actuación monumental en Mammoth 200, donde no solo ganó con récord femenino, sino que fue segunda absoluta, adelantando a casi todo el pelotón masculino en una de las carreras más duras del circuito. Completó la temporada con triunfos en High Lonesome 100, Badger Mountain 100 y Whiskey Basin 91 km. Una colección de victorias que, en cualquier otro perfil, parecería exagerada.

En 2026, lejos de aflojar, siguió ampliando su territorio: victoria en Coldwater Rumble 100, podio en Chianti Castles 120 km y más presencia en distancias medias, como si quisiera recordar que también sabe correr rápido. Hasta que llegó mayo y la Cocodona 250.

Rachel Entrekin se adueñó de la Cocodona 250 con una victoria absoluta que no necesita adjetivos: basta con mirar la clasificación para entender que lo que hizo en Arizona pertenece a otra categoría del ultratrail. Corrió 250 millas como si estuviera ejecutando un plan que solo ella conocía, manteniendo un ritmo frío, sostenido y clínico mientras el resto del pelotón se deshacía en el desierto. No ganó por un golpe de suerte ni por un desfallecimiento ajeno: ganó porque impuso una forma de correr que convierte una prueba inabarcable en un territorio bajo su control. Cocodona no la venció; fue ella quien moldeó la carrera a su manera.

Su triunfo tiene un peso histórico que trasciende la edición de 2026. Ser la vencedora absoluta, por delante de todos los hombres, coloca su nombre en un espacio reservado para muy pocos en la historia de las ultras. Y al mismo tiempo firma su tercera victoria consecutiva en la categoría femenina, una trilogía que convierte Cocodona en su ecosistema natural, en el lugar donde su talento alcanza su forma más pura. Entrekin no solo cruza metas: construye relatos, redefine límites y deja claro que en las distancias extremas su dominio es una fuerza que ya no admite comparaciones.

Fotografía: Somerunner

Lo más interesante de Rachel Entrekin no es solo su palmarés —que ya la sitúa entre las mejores ultrarunners del planeta en distancias extremas—, sino la manera en que compite. No es explosiva, no es mediática, no es una atleta de grandes gestos. Su fortaleza está en otro lugar: en la capacidad de sostener un ritmo imposible durante días, en la serenidad con la que gestiona el sueño, en la frialdad para leer el terreno cuando el resto ya solo ve sombras. Es, en esencia, una corredora diseñada para el ultrafondo real, ese que empieza cuando la épica se acaba.

Hoy, cuando se habla de especialistas en 200 millas, su nombre aparece inevitablemente en la conversación. Algunos medios estadounidenses ya la consideran la mejor corredora del mundo en distancias 200+, incluso por encima de figuras consagradas del ultratrail global. Puede discutirse, claro, pero lo que no admite debate es que Rachel Entrekin ha abierto una nueva vía: la de las mujeres que no solo compiten en las distancias más largas del planeta, sino que las transforman.

Y quizá esa sea su mayor victoria: haber demostrado que las 200 millas no son un territorio marginal, sino un espacio donde se puede construir una carrera deportiva completa, sólida y brillante. Un espacio donde ella, por ahora, reina sin oposición.

 

 

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