Las primeras 24 horas de la Cocodona 250 2026 han dejado ya una carrera partida en varios bloques, marcada por el calor inicial, la larga subida a Crown King y el terreno más corrible hacia Prescott. A esta altura, los líderes han superado ampliamente las 120 millas, entrando en la zona donde la gestión del sueño empieza a ser tan decisiva como el ritmo.
Las primeras 24 horas de la Cocodona 250 siempre tienen algo de espejismo. El cuerpo todavía responde, la cabeza aún obedece, pero el desierto ya ha empezado a negociar en silencio. Y este año, la carrera ha amanecido con un nombre propio: Rachel Entrekin, convertida no solo en líder femenina, sino en la figura que marca el paso de toda la prueba.
Con casi 130 millas en las piernas, Entrekin avanza como si conociera cada curva del trazado, como si la subida a Crown King no hubiera sido un muro sino un trámite. Corre sin estridencias, sin gestos de desgaste, con esa cadencia que en las ultras largas suele significar una cosa: peligro para quienes vienen detrás.
A unas millas, Kilian Korth mantiene el tipo, primer hombre en carrera, sólido, sin ceder terreno pero sin lograr cerrar la brecha. Detrás de él, la carrera masculina es un acordeón que se estira y se comprime según el terreno: Joe McConaughy, Cody Poskin, Jeff Browning… nombres que saben lo que es sufrir, que saben que Cocodona no se gana en el primer día, pero sí puede perderse.
Mientras tanto, en la categoría femenina, la historia se escribe con tinta gruesa. Heather Jackson avanza con su ritmo de diesel afinado, siempre constante, siempre peligrosa cuando el terreno se vuelve corrible. Courtney Dauwalter, en cambio, aparece en ese tercer puesto que no dice nada y lo dice todo: está ahí, sin prisa, sin ruido, esperando que la carrera se desgaste antes que ella.
Manu Vilaseca se mueve en la zona media del top femenino, con alrededor de 77 millas completadas. Se mantiene en ese espacio donde la Cocodona 250 todavía no decide nada, pero sí empieza a mostrar quién sabe gestionar la carrera. Manu ha pasado Prescott con buena cadencia, sin grandes altibajos, y afronta ahora el tramo hacia Jerome con la serenidad de quien conoce bien las ultras largas: ritmo constante, cero dramatismos y una lectura inteligente del desierto. Su posición refleja exactamente eso: una corredora que no se precipita, que no entra en guerras ajenas y que sabe que Cocodona se gana —o se pierde— a partir de la segunda noche.
Las primeras 24 horas han sido un viaje completo:
- La subida interminable a Crown King, donde el calor y la pendiente rompen más piernas que kilómetros.
- El paso por Prescott, con sus senderos más fluidos y ese respiro engañoso que hace creer que la carrera se suaviza.
- La primera noche, ese filtro que separa a quienes han venido a competir de quienes han venido a sobrevivir.
Los líderes ya han cruzado esa frontera invisible donde el sueño empieza a pesar más que la mochila.
Y ahora llega la parte donde Cocodona enseña los dientes.
El tramo hacia Jerome es un laberinto técnico, caluroso, áspero, un lugar donde la carrera se vuelve personal. Después, Sedona, con su terreno ondulado y su belleza que no perdona. Y más adelante, la segunda noche, ese territorio donde cada corredor debe decidir cuánto está dispuesto a ceder al sueño y cuánto está dispuesto a perder en la clasificación.
Las próximas horas no decidirán la carrera, pero sí decidirán quién sigue soñando con ganarla.
