La Hardrock 100 siempre empieza mucho antes del disparo de salida. Empieza en el silencio de Silverton, cuando las calles aún están vacías y los corredores pasean con esa mezcla de respeto y nervios que solo provoca una carrera capaz de llevarte por encima de los 4.000 metros una y otra vez. Empieza en el aire seco de Colorado, en ese olor a polvo y pino que anuncia que las San Juan están listas para examinar a quien se atreva a cruzarlas.
En el sentido de las agujas del reloj, tal y como indica la tradición de alternar el sentido cada año, el viernes 10 de julio Silverton (Colorado) verá la salida de una nueva edición de la Hardrock 100. Será a las 6:00 hora local, 14:00 España peninsular. Hablar de la Hardrock 100 no es hacerlo de una ultra norteamericana más. La cien millas que cada julio se disputa en las montañas de San Juan en Colorado es la más europea de las carreras de Estados Unidos. Y lo es por su dureza, a la altura de la belleza de sus paisajes. Más que una carrera, un desafío personal para los participantes de una ultra con diez mil metros de desnivel y que llega a tocar cota 4000. En su cabeza habrá sólo un pensamiento, conseguir besar una roca.
El sentido horario es la versión que muchos veteranos describen como la más traicionera: subidas cortas y verticales, bajadas interminables que castigan los cuádriceps, y un trazado que obliga a correr con la cabeza tanto como con las piernas. Son 102 millas, 33.000 pies de desnivel positivo y una altitud media que no perdona errores. Aquí no se viene a correr rápido. Se viene a sobrevivir. La nieve, por una vez, no será la principal protagonista. El invierno seco ha dejado las montañas limpias, pero los incendios en Ouray mantienen a la organización en alerta. Hardrock siempre tiene un elemento imprevisible; este año, el fuego.
Hay corredores que llegan a Hardrock como si volvieran a casa. Dauwalter es una de ellas. Su sonrisa, su calma y esa manera de correr que parece desafiar la lógica han convertido sus pasos por Silverton en pequeñas leyendas. Vuelve después de un 2025 irregular, pero con victorias recientes y un segundo puesto en Cocodona 250 que demuestra que su motor sigue intacto. Entrena en Leadville, vive en altura, respira altura. Pero Hardrock es otra cosa. Hardrock es altitud extrema, es fatiga acumulada, es ese punto en el que incluso los mejores dudan. Aun así, si alguien sabe navegar ese filo, es ella.
Sus principales rivales serán dos: Careth Arnold y Tara Dower. Arnold llega con la serenidad de quien conoce la carrera desde dentro. Ha sido voluntaria, ha visto pasar a los grandes, ha sentido el pulso de Hardrock desde la barrera. Ahora le toca cruzarla. Su 2025 fue un año de montaña pura, con victoria en TDS y un segundo puesto en High Lonesome. Renunció a su Golden Ticket para centrarse en Hardrock. Eso dice mucho. Quizá más de lo que parece. Tara Dower busca firmar el doblete Western States–Hardrock esa locura que solo unos pocos se atreven a intentar. Dower lo hará con apenas 13 días de diferencia. Fue sexta en WS100, cuarta en Hardrock 2024 y lleva meses encadenando actuaciones que la han puesto en el mapa de las ultras más duras. Su apuesta es arriesgada, pero Hardrock siempre ha premiado a quienes se atreven. Además, nombres ilustres como Kaci Lickteig o Aliza Lapierre darán brillo a esta edición.
En categoría masculina dos europeos apuntan a una lucha cerrada por la victoria: Ludovic Pommeret, en busca de su tercer triunfo, y Tom Evans. Pommeret, a sus 50 años, llega como bicampeón y poseedor del récord absoluto. Corre con una elegancia que contrasta con la brutalidad del terreno. Baja como si flotara, gestiona como si llevara un altímetro en la cabeza. En Hardrock, eso vale oro. Evans aterriza con una ambición que no se esconde: quiere el Grand Slam de las 100 millas. Ya tiene Western States y UTMB. Le faltan Hardrock y la Diagonale des Fous. Su preparación es casi quirúrgica, con entrenamientos en laboratorio y simulaciones de altitud que buscan replicar lo que las San Juan lanzarán contra él. Evans no viene a participar. Viene a intentar algo histórico.
Jimmy Elam puede ser el tercero en discordia. Seis victorias consecutivas en ultras de montaña, una consistencia que asusta y un entrenamiento en altura que lo coloca en la conversación de favoritos sin necesidad de titulares. Si la carrera se rompe, si el ritmo se endurece, si la altitud castiga, Elam estará ahí. Además, otros ilustres que no parecen llamados a ganar pero sí a inscribir su nombre en la lista de finishers que besarán la roca, serán Dylan Bowman, Paul Terranova o Jason Schlarb.

Sobre lo que es Hardrock 100, Luis de Arriba comparte los tips más importante para una prueba de las características tan salvajes de esta cien millas: «recomendaría unos minicrampones de quita y pon para pasar esos neveros que en la edición del 2011 que finalicé me tocó pasar por las huellas de otras personas que iban delante pero ella tendrá menos que los que tuve yo y me tocó bajar muchos de ellos de culo y frenando al final para no caer ladera abajo, ademas de traer bastones. Otra recomendación es no pasarse en el esfuerzo ya que a partir de 3100 la falta de O² se nota muchísimo y si te pasas de pulsaciones ya no se recupera a no ser que bajes de altura. Y el tema de las marcas nada que ver con lo de ahí, además al ser en altura no hay árboles ni lugar donde colgarlas. Mayormente eran unas de metal que ponían colgadas de un alambre pero que entre los animales que habitan y su curiosidad las tumban o retiran y otras veces se ponen de canto y no se ven entre el resol o las sombras. Y los avituallamientos muy pobres con el nivel que tenemos ahí, al igual que su comida es más bien una basura, los avituallamientos parecidos. Te atienden muy bien los voluntarios pero la comida mejor si se trae cosas específicas desde casa tipo dátiles y frutos secos. Es una carrera familiar y la mayoría de los corredores son atendidos por su familia en los avituallamientos que les dejan llegar ya que en todos no hay acceso para acompañantes. las bolsas con el material las tiene que ir dejando con la etiqueta para cada avituallamiento, no como en UTMB o TOR donde te llevaban la misma maleta a todos los avituallamientos, aquí no ocurre eso y tienes que preparar múltiples bolsas y si no lo utilizas cuando pasas ya no lo vuelves a tener en tus manos hasta el final de la carrera. Y el mayor chiste es que en todo momento los pies los tendrás mojados ya que hay que atravesar al menos 10 riachuelos y la traca final es el último a falta de unos 5 kms o menos para meta que es el más largo y de mayor profundidad, suelen poner una cuerda de lado a lado pata que no te arrastre la corriente y con la cantidad de nieve que hay tendrá muy buen caudal.»
Hardrock 100 no es una carrera. Es un diálogo con la montaña. A veces amable, a veces cruel. En mujeres, todo apunta a un pulso entre Dauwalter y Arnold, con Dower como incógnita. En hombres, Pommeret parte como referencia, pero Evans llega con hambre de historia y Elam con una racha que podría dinamitar cualquier pronóstico.
Silverton ya está preparada. Las montañas también. Y los corredores, en estas horas previas, sienten ese silencio que solo existe antes de las grandes batallas.