La olímpica Molly Seidel cruzó la meta de Western States 100 con una mezcla de alivio, orgullo y cansancio extremo. No fue la carrera que imaginaba, pero sí la que la convirtió definitivamente en corredora de ultratrail. “Todavía tengo mucho que aprender”, reconoció después, tras una noche crítica y una lección de ultratrail. Western States 100 era el debut en una cien millas de Molly Seidel tras conseguir el Golden Ticket en Black Canyon. Un salto al ultratrail que te hemos contado, desde su primera participación, en Territorio Trail.
La carrera arrancó a las cinco de la mañana con viento y frío en Palisades Tahoe. Seidel coronó Emigrant Pass como cuarta mujer y mantuvo un ritmo controlado en los primeros kilómetros. En Duncan Canyon (24 millas) seguía en el top 10, a apenas tres minutos del grupo delantero. Su adaptación al terreno parecía sólida. A partir de la milla 40, la carrera cambió de tono. Seidel empezó a sufrir un dolor intenso en los pies y rozaduras severas. Además, cometió un error clásico en su debut en las 100 millas: se quedó atrás en la ingesta de geles y carbohidratos líquidos.
En Michigan Bluff (55,7 millas), su equipo tuvo dificultades para quitarle las zapatillas del dolor que tenía. Tras cambiarse y rehidratarse, salió del avituallamiento con diez posiciones menos y un ritmo claramente más lento. La prioridad dejó de ser competir y pasó a ser simplemente avanzar.
La subida a Foresthill fue una de las secciones más duras de su carrera deportiva: casi tres horas para siete millas. Llegó en el puesto 22 y con un único objetivo realista: terminar sin lesionarse. Su entrenador, Cliff Pittman, lo resumió así: “Estábamos en territorio desconocido. Nunca había corrido tanto.”

Con Alyssa Clark como pacer, Seidel mantuvo un ritmo constante hasta Rucky Chucky (78 millas), donde cruzó el American River ya de noche. A partir de ahí, la fatiga acumulada empezó a manifestarse de forma preocupante. En Pointed Rocks (94,3 millas), a las 2:25 de la madrugada, su rodilla mostraba inestabilidad y empezaba a sufrir síntomas de hipotermia. El equipo médico la envolvió en un saco de dormir con botellas calientes para estabilizarla. La carrera quedó en pausa durante varias horas. Después de un largo debate interno, Seidel se levantó, lanzó las mantas al suelo y dijo: “Vamos a terminar esto.” Ese gesto marcó el punto de inflexión de su debut en las 100 millas.
Con Jessa Hanson como nueva pacer, avanzó por los últimos kilómetros mientras el cielo comenzaba a iluminar Auburn. En Robie Point, su equipo se unió para acompañarla en la última milla. Ya en la pista de Placer High School, Seidel se quitó la sudadera, la giró sobre su cabeza y cruzó la meta tras 24 horas, 29 minutos y 27 segundos.
Terminó 28ª mujer y 141ª de 323 finishers. Recibió su hebilla de finisher y la ovación de una comunidad ultratrail que ya la ha acogido como una de las suyas.
Ahora Seidel descansará antes de preparar la OCC 50K en Chamonix, pero ya ha dejado claro que quiere volver a Western States. Su debut no fue el que esperaba, pero sí el que la consolidó en el mundo del ultratrail.