Mientras miles de turistas ascienden cada día hacia el Sacré-Cœur, los corredores de trail parisinos ven algo diferente. Ven desnivel. Ven entrenamiento. Ven una montaña urbana escondida entre el hormigón. Y Casquette Verte fue capaz de llevar esa idea hasta el extremo. Un desafío nacido en el corazón de París que demuestra que, para algunos, la aventura no depende de la geografía sino de la imaginación. Detrás de esta idea está Alexandre Boucheix, más conocido como Casquette Verte, uno de los personajes más singulares y carismáticos del trail francés.
La rue Foyatier, junto al funicular de Montmartre, es una de las escaleras más famosas de París. Allí, en un escenario dominado por el turismo, las cafeterías y el bullicio urbano, nació en 2017 el Ultra Trail Montmartre (UTMM), una prueba que hoy se ha convertido en un evento de culto dentro del ecosistema trail francés.
El concepto es tan simple como absurdo. O tan absurdo como genial. Los participantes deben completar 271 ascensiones y descensos completos de las escaleras de la rue Foyatier. El resultado son cerca de 80 kilómetros y alrededor de 11.650 metros de desnivel positivo, exactamente las cifras que cualquier ultra de montaña presumiría en su dossier técnico. La diferencia es que aquí todo sucede en apenas unos cientos de metros de longitud.
Hablar del Ultra Trail Montmartre es hablar necesariamente de Casquette Verte. Alexandre Boucheix se ha construido una reputación difícil de clasificar dentro del trail. Corredor de ultradistancia, comunicador, provocador y creador de contenidos, ha convertido el humor y la irreverencia en parte de su identidad deportiva. En un universo que en ocasiones se toma demasiado en serio a sí mismo, él ha defendido siempre una filosofía diferente: disfrutar mientras se exploran los propios límites.
Esa visión aparece reflejada en cada detalle del Ultra Trail Montmartre. La inscripción cuesta simbólicamente dos boletos de lotería ya raspada. Los corredores pueden gestionar libremente su nutrición. Existe un billete de funicular incluido para realizar una subida obligatoria “de lujo”. Los acompañantes son invitados a vestir ropa de montaña retro. Y, por supuesto, está el famoso salmón que debe subir y bajar por las escaleras durante la prueba, una de esas bromas que únicamente tienen sentido dentro del particular universo de Casquette Verte.
Pero… ¿puede considerarse trail una prueba desarrollada íntegramente sobre escaleras urbanas? ¿Puede existir un ultra sin bosques, sin senderos y sin grandes paisajes? La discusión probablemente no tenga una respuesta definitiva. Bajo los criterios tradicionales del trail sería difícil encajarlo dentro de las definiciones oficiales, pensadas para recorridos en entorno natural. Sin embargo, el desnivel está ahí. La resistencia está ahí. El sufrimiento también. Y cualquiera que haya acumulado miles de metros positivos sabe que las piernas no distinguen demasiado entre una montaña alpina y una escalera interminable cuando el reloj marca ya muchas horas de esfuerzo. Quizá la mayor virtud del UTMM sea precisamente obligar al trail a hacerse preguntas sobre sí mismo.
Nada en el Ultra Trail Montmartre responde a los códigos habituales del trail. Tampoco su sistema de acceso. Lejos de las aperturas de inscripciones masivas o de los sorteos tradicionales, el UTMM mantiene un número muy reducido de participantes y apuesta por un sistema de selección que busca perfiles capaces de encarnar el espíritu de la prueba. No se trata únicamente de correr rápido o de acumular resultados deportivos. La historia personal, la relación con la comunidad y la singularidad de cada candidatura forman parte de una filosofía que prioriza la experiencia colectiva frente a la competición pura.
La edición de este año ha llevado todavía más lejos esa voluntad de desafiar las normas establecidas. Casquette Verte decidió reservar todos los dorsales a mujeres. Una decisión que sorprendió en el mundo del trail francés, pero que responde a un objetivo claro: poner el foco sobre la participación femenina en una disciplina donde las corredoras siguen siendo minoría en muchas competiciones de larga distancia. Según explicó el propio Alexandre Boucheix, la intención era contribuir a cambiar dinámicas que se han normalizado durante años y ofrecer un espacio en el que las mujeres ocuparan todo el protagonismo. Una medida que, como muchas de las iniciativas impulsadas por Casquette Verte, ha generado debate, pero también reflexión.

Lo que para muchos es simplemente un barrio histórico de París, para numerosos corredores se ha convertido en un auténtico centro de peregrinación deportiva. Las escaleras de Montmartre forman parte desde hace años de los entrenamientos de los trail runners parisinos. Cada semana, grupos y clubes acuden a la zona para acumular desnivel en una ciudad donde las oportunidades para hacerlo son limitadas. Entre calles empedradas, pendientes y escalinatas, la colina se ha transformado en una peculiar versión urbana de la montaña. En cierto modo, el UTMM representa la expresión máxima de esa cultura. Simplemente reivindica que el espíritu del trail puede aparecer en cualquier lugar donde existan ganas de correr, sufrir y compartir una aventura.
Para Casquette Verte, la carrera es ante todo una historia humana. El verdadero objetivo es que los espectadores terminen conociendo a los participantes por su nombre, que el público se implique, que la prueba genere vínculos y que cada corredor se convierta en protagonista de una aventura compartida. Esa cercanía ha convertido al UTMM en mucho más que un reto físico. Es una celebración colectiva del esfuerzo absurdo. Un experimento social. Una reunión de amigos y desconocidos alrededor de una idea que, sobre el papel, parece completamente descabellada.
Porque en una época en la que el trail busca constantemente nuevos récords, nuevas distancias y carreras cada vez más espectaculares, el Ultra Trail Montmartre recuerda algo fundamental: la esencia de este deporte sigue estando en la capacidad de imaginar aventuras.
Porque para Casquette Verte, Montmartre nunca necesitó parecerse a los Alpes. Siempre fue su patio de recreo. Un lugar donde experimentar, cuestionar las normas establecidas y demostrar que el trail puede ser tan libre, creativo e inclusivo como quienes lo practican.