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¿Ha dejado Kilian Jornet de poder luchar por la victoria al más alto nivel?

Kilian Jornet ya no gana siempre. Esa frase, repetida con una mezcla de sorpresa y nostalgia, ha ido tomando fuerza desde Chianti 2025, desde Western States 2025, desde la Zegama 2026 donde volvió a ser humano. Pero la pregunta que realmente importa no es si Kilian gana menos, sino qué significa eso en un deporte que él mismo ha cambiado para siempre.

Fotografía: Roger Salanova
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Hablar de Kilian Jornet es hablar de una época. De un modo de correr. De una forma de mirar la montaña. Y quizá por eso, cuando en Chianti 2025, en Western States 100 2025 o en Zegama 2026 lo vimos sufrir, lo que se resquebrajó no fue su palmarés, sino nuestra idea de invencibilidad.

Kilian Jornet ya no gana siempre. Esa frase, repetida con una mezcla de sorpresa y nostalgia, ha ido tomando fuerza desde Chianti 2025, desde Western States 2025, desde esta Zegama 2026 donde volvió a ser humano. Pero la pregunta que realmente importa no es si Kilian gana menos, sino qué significa eso en un deporte que él mismo ha cambiado para siempre. Porque quizá no estemos ante el final de una era, sino ante el inicio de otra en la que Kilian compite de otra manera, con otros ritmos, con otras prioridades, pero con la misma capacidad de influir en todo lo que toca. Compite, también, cerca de la cuarenta contra corredores a los que casi dobla en edad.

En la Chianti Ultratrail by UTMB del 2025 no fue solo una cuestión de ritmo. Jornet arrastró molestias musculares desde el kilómetro 30, un problema que él mismo reconoció después y que condicionó su capacidad para responder a los cambios de ritmo de la nueva generación. Fue un día en el que el cuerpo dijo basta antes que la cabeza. A pesar de todo, una segunda posición le garantizó el golden ticket que le permitió estar en junio en la mítica Western States 100. Allí, a pesar de mejorar en una hora el crono de su última participación, finalizó tercero y no pudo con un Caleb Olson que estuvo intratable, en un claro ejemplo de la sangre nueva que ha llegado a nuestro deporte. Fue competitivo, sí, pero nunca dio la sensación de poder ganar, en parte también por una estrategia desacertada. Este domingo llegaba Zegama, su territorio emocional. Pero en 2026, además de la presión de una generación que corre a ritmos que antes solo sostenía él, Kilian sufrió problemas físicos en la segunda mitad, especialmente en la bajada hacia Mutiloa. No fue un mal día táctico: fue un día en el que el cuerpo volvió a recordarle que ya no tiene 25 años.

El trail de 2026 no es el de 2016. Ni siquiera el de 2021. La irrupción de nuevos corredores y la profesionalización a todos los niveles ha elevado el listón a un nivel que obliga a replantear qué significa “ser competitivo”. Hoy, para ganar, no basta con ser el mejor de la historia. Hay que ser el mejor ese día, en ese terreno, con esa preparación. Y Kilian ya no vive para eso. Vive para más cosas.

Quizá la clave esté en ese punto exacto donde el  Kilian corredor ha dejado paso al Kilian explorador. Kilian ya no vive para ganar carreras: vive para descubrir. Kilian ha dejado de ser competitivo al más alto nivel con dorsal, pero sigue siendo, sin discusión, el atleta más influyente del planeta sin él. Y quizá, solo quizá, ahí esté su verdadero legado: en todo lo que seguirá haciendo cuando nadie lo esté cronometrando.

Sus días en Noruega no son entrenamientos, son ascensiones que parecen escritas en silencio, pasos que se hunden en nieve virgen, líneas que nadie había imaginado antes de que él las dibujara. Sus proyectos minimalistas son casi un manifiesto: mochila ligera, material reducido al hueso, la montaña como único soporte. Sus estudios sobre sostenibilidad lo han llevado a mirar el deporte desde fuera, desde arriba, desde un lugar donde el rendimiento importa menos que el impacto. Y su obsesión —porque lo es— por entender la montaña desde dentro lo ha convertido en algo distinto: un atleta que ya no necesita arcos de salida, ni cronómetros, ni público para sentirse en competición.

Entonces… ¿ha dejado Kilian de ser competitivo? La respuesta no cabe en un sí o un no. Depende de qué entendamos por competir. Si competir es dominar, imponer un ritmo que doblega voluntades, correr con la certeza de que el resto pelea por el segundo puesto… entonces sí: esa etapa quedó atrás. Ese Kilian que convertía cada carrera en un territorio conquistado pertenece a otro tiempo, a otro cuerpo, a otra velocidad del mundo. Pero si competir es trascender, dejar una huella que no se borra con un mal día, seguir siendo peligroso incluso cuando no gana, inspirar a quienes vienen detrás, cambiar el deporte sin necesidad de levantar los brazos en la meta… entonces no. Entonces Kilian sigue ahí.

Y mientras siga, mientras aparezca en una línea de salida o en una arista perdida de Noruega, mientras su sombra siga proyectándose sobre el deporte que ayudó a construir, el trail seguirá girando un poco alrededor de él.

Fotografía: Roger Salanova

Ha pasado Zegama, pero dentro de poco más de un mes llega Western States 100, puede que la última gran batalla entre Kilian Jornet y Jim Walmsley. En un lado del sendero, Jim Walmsley: el hombre que convirtió esta carrera en una obsesión, que la estudió como quien memoriza un poema, que la corre como si el polvo del cañón le perteneciera. En el otro lado, Kilian Jornet: el que vuelve para quitarse el mal sabor de boca del año pasado. Su desafío no es Walmsley; es el tiempo, el cuerpo, la memoria. El favorito es Walmsley, sí. Lo dicen los ritmos, lo dicen los datos, lo dice la lógica. Pero Kilian nunca ha sido un atleta de lógica. Kilian es ese corredor que, cuando parece más lejos, más peligroso se vuelve. Ese que se crece cuando el calor aprieta, cuando la carrera se rompe, cuando la noche cae antes de tiempo y los frontales empiezan a dibujar sombras en los pinos. Te lo contaremos en Territorio Trail.

 

 

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