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Arena en la memoria

La experiencia personal de Marcos Lallana en la Desert Run 2019, en la que finalizó tercero.

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Todavía aparecen trocitos de desierto en la mochila, en las zapatillas. Granos de arena que cambiaron de destino entre los enseres de un corredor que tenía la ilusión de correr en el desierto y la mirada sincera de hacerlo realidad.

En todas las madrugadas previas al comienzo de la etapa, los primeros en llegar al desayuno eran los mismos: Anna Comet y el que les habla. Más de una vez tamborileando con el pie hasta que se abría la puerta del restaurante y te acercabas a las mesas que mostraban el bufet del desayuno. Unas horas más tarde la misma escena, un grupo de gente que se iba conociendo más con el paso de los días bajo el arco itinerante de la salida y llegada de la Desert Run.

Tengo que reconocer que hubo varias pautas que se repitieron sucesivamente, salvo pequeños matices. Los tres mejores corredores cogían la cabecera de la prueba, y a una relativa distancia les seguía el dorsal 26. A partir de ahí, mirada al frente y una pisada tras otra, con dromedarios, dunas y horizontes de por medio… En el pelotón había muchos mexicanos, suizos, franceses y algún que otro italiano… en ocasiones suspiraba porque alguien se pusiera a mi par y tener la oportunidad de charlar, de interactúar un poco para así recorrer algún que otro kilómetro sin darme cuenta… pero salvo a un mexicano al que le arranqué una sonrisa preguntándole si tenía familia Tarahumara, o a dos competidores a los que pregunté su procedencia, la verdad es que el camino me esperaba inexorable en exclusividad de manera permanente.

Sólo en ocasiones se veía interrumpida mi soledad de corredor cuando mi mujer paraba el vehículo que la llevaba en mitad del camino para gritarme un ánimo o fotografiar el momento. Cada uno de esos instantes eran una zancada más entusiasta en el camino. Como digo, la historia se repitió los tres días como si el guionista estuviera falto de ideas o pensara en un giro final que sorprendiera al espectador en su butaca… Uno de los atletas de cabecera, Juan Miguel Esteban (recomiendo ver «En Línea Recta», informe Robinson, para conocer su historia), sufrió un percance físico que lo llevó a la retirada la última etapa haciendo que el corredor que le seguía escalase una posición en el ránking lo que a la postre le valdría una posición de pódium. Y entonces te encuentras conque ese madrugador al que un cocinero marroquí le negó una crep el primer día a las seis y media de la mañana y se la cambió por una insulsa tortilla, acaba tercero de la general, segundo en categoría masculina, y primero veterano A.

Por cierto, si alguien quiere arena del Sahara, que se ponga en contacto conmigo. Precio a negociar.

 

 

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