Los viejos rockeros nunca mueren. Así ha sido siempre y así ha sido para un Eugeni Rosselló que año tras año regresa al Pennine Way, a una Montane Spice Race en la que consiguió la victoria hace trece años y que, desde entonces, cruelmente se la ha negado en el resto de sus participaciones. Otra vez, de nuevo, en 2026.
Hace trece años, en 2013, Eugeni Rosselló vencía en la Montane Spine Race. En aquella ocasión marcó un crono de 5 días, 4 horas y 52 minutos, lo que fue entonces récord de la prueba. Desde entonces, la brutal prueba británica ha sido una constante en el calendario del catalán, como constantes han sido sus decepciones en el Pennine Way, desde el abandono por hipotermia en 2014 hasta el de 2020 cuando marchaba segundo o el cruel del 2019, a pocos kilómetros de llegar a meta. Sólo el tercer puesto del 2017 endulzó está relación de amor odio. Parecía que, al fin, este 2026 iba a ser diferente. Había liderado la prueba desde la primera milla, tenía una ventaja de más de dos horas sobre sus perseguidores, sólo le faltaban quince millas para llegar a meta y tocar la pared del Border Hotel en primera posición, pero el cuerpo dijo basta y un agotamiento extremo le ha obligado a abandonar.
En la emisión de esta semana en Territorio Trail analizábamos en tiempo real, con Antonio Codina, la situación de carrera en la Spine Race y las posibilidades de un Eugeni Rosselló que, en aquellos momentos todavía estaba en carrera como líder:
Eugeni Rosselló ha abandonado cuando ya tocaba con los dedos la victoria. A quince millas de meta ha dicho adiós por agotamiento extremo. Había liderado la prueba desde el principio y tenía una ventaja de dos horas sobre sus perseguidores. Era tan elevada la ventaja que había amasado Eugeni que incluso varió su estrategia de carrera prevista, modificando su plan de paradas rápidas con mínimos descansos y microsueños por descansos más prolongados y mejor alimentación. Incluso así, por momentos, mejoraba los tiempos de Jasmin Paris en 2019. Sin embargo, conforma avanzaba la prueba, el tiempo se ralentizaba. No así la ventaja sobre el segundo, siempre por encima de las dos horas.
Aún así, era tal el ansia de victoria que tenía Eugeni que los servicios médicos de la prueba le obligaron a detenerse y dormir a falta de 40 kilómetros, antes de afrontar el tramo final, a pesar de que él quería continuar. Para conseguirlo, le escondieron los bastones. Sin duda, el recuerdo de hace 2022, cuando dorumió a diez kilómetros de meta y le fue imposible levantarse para continuar, pesó mucho en esa decisión. Eugeni regresaba a los senderos listo para el empujón final pero, a menos de quince millas de meta, su cuerpo dijo bastaba y la victoria en el Pennine Way se le escapaba cuando más cerca la tenía y de nuevo de la forma más cruel.

Eugeni Roselló ya acariciaba su segunda victoria en una Montane Spine Race que sin duda es su carrera favorita. Una prueba que le catapultó mediáticamente, donde logró la victoria en 2013 y una tercera posición en 2017 . Pero la que más quebraderos de cabeza le ha traído.. La más grave: la del 2019, donde a falta de seis kilómetros de la llegada el cuerpo le decía suficiente con una grave hipotermia. El de este año hubiera sido triunfo de la perseverancia, de quien había mantenido una relación de amor odio con el Pennine Way desde su primera participación y, sobre todo, el triunfo de un tipo normal. Hubiera sido una victoria merecida, que le deben los senderos británicos. No lo ha conseguido, pero estamos seguros que volverá en 2027 y de nuevo estaremos contando su lucha por volver a ser el primero en tocar la pared del Border Hotel, esa pared en la que apoyaron sus manos Jasmin Paris, Damian Hall, Lucy Gossage, John Kelly o Jack Scott.