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Rim to Rim to Rim. La experiencia de recorrer el Gran Cañón del Colorado contada en primera persona por Gaspar Mora.

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La tercera semana de octubre Gaspar Mora, junto a un grupo de corredores, realizaron la travesía del Gran Cañón del Colorado. Es lo que se conoce como Rim to Rim to Rim, puesto que el recorrido transcurre de uno de los bordes del cañón al otro y su correspondiente regreso. Este es el relato del R2R2R.
(Crónica original en la web de Gaspar Mora)
Este fin de semana lo habíamos marcado en el calendario para hacer la travesía del Gran Cañón del Colorado, de borde sur a borde norte, y vuelta. Esto se llama hacer un «Rim to rim to rim» (a veces abreviado como R2R2R). Se empieza en la cabecera del camino «South Kaibab Trail» -a 2.213m de altura- descendiendo 1.457 metros hasta cruzar el río Colorado y alcanzar el campamento «Bright Angel Campground» en apenas 11Km. Desde ahí se asciende, primero gradualmente, por el camino «North Kaibab Trail» hasta la pared norte del cañón, situada a 2.512m de altitud, por tanto se ascienden 1.756 metros. Este segundo segmento suponen 22.5Km. Luego hay que deshacer todo el camino, con lo que acaban saliendo unos 70Km en total con 3.213 metros de desnivel positivo y otros 3.213 metros hacia abajo. Todo dentro de la majestuosidad del Gran Cañón del Colorado.
Esta aventura comenzó realmente en abril de 2014, cuando mis amigos y yo intentamos completar el R2R2R por primera vez. Por diferentes motivos sólo yo pude acabar la ruta entera ese día, de modo que nos quedó una cuenta pendiente y la promesa de volver a finalizarlo pronto. Nuestra siguiente oportunidad era otoño de 2015, ya que hay dos «ventanas» -primavera y otoño- para intentarlo evitando los extremos, o un calor inhumano o nieve y ausencia de servicios. Así que el jueves 15 de octubre estábamos todos en el aeropuerto de San Jose listos para volar a Phoenix y de ahí en furgoneta -dirección norte- hasta el lado sur del Gran Cañón.

La previsión meteorológica daba lluvia y tormentas tanto para el sábado como para el viernes, pero las cosas pintaban ligeramente mejor para el viernes. De modo que decidimos correr el viernes y dejar el sábado como día de reserva por si algo salía mal el viernes. El domingo regresaríamos a casa, al Silicon Valley.
A las 4:15 de la mañana habíamos quedado en la puerta del hotel para ir en furgoneta hasta el comienzo del camino «South Kaibab». Como siempre ocurre en las horas previas a una carrera o gran actividad, cuesta conciliar el sueño. Casi ninguno fuimos capaces de dormir como es debido. Pero con sueño y con todo, a esa hora estábamos todos preparados y ansiosos por comenzar. No pudimos aparcar la furgoneta en la entrada del camino ya que sólo se permitía el acceso con el autobús del parque. La dejamos a más de un kilómetro del comienzo y fuimos trotando a empezar nuestra aventura. Eran las 4:41 de la mañana, noche cerrada ya que no empieza a clarear algo hasta las 6 de la mañana.

Aunque el camino es muy evidente, bajar con frontales de noche impide ir rápido. Se trata de una bajada brutal en un sendero jalonado por «escalones» que no son más que troncos transversales al camino y espaciados un metro entre si. El camino es muy arenoso en su mayoría. Yo me lo tomé con calma y disfruté bajando, interesa ahorrar fuerzas sabiendo todo lo que queda por delante. Aún con todo me alejé un poco de nuestro grupo, que también comenzaba a fragmentarse dependiendo de los ritmos individuales en esa sección.
Al cabo de 10Km pasé por el pequeño túnel que sale al puente que cruza el río Colorado. Unos minutos antes ya había podido oír el rugido del agua, es un momento que emociona. Estaba contento de haber bajado toda la pared sur sin contratiempos y en total oscuridad. Entonces me dispuse a cruzar el río por una pasarela de unos 80 metros de larga. Justo en el último tablón de la pasarela pisé mal y me torcí el tobillo derecho completamente. El dolor en ese momento fue horrible, un esguince grave de los que ya he tenido varios en mi vida, habitualmente jugando al fútbol. En ese momento el R2R2R se había acabado para mí.
La decisión estaba clara, darse la vuelta, deshacer los 10Km subiendo los casi 1.500 metros que había bajado y volver al hotel. Pero mis compañeros son un ejemplo de superación y tesón. Pensaba por ejemplo en Alberto y el año tan difícil que había pasado por graves problemas médicos, además tres días antes un accidente casero le había producido un corte profundo en el pie que requería puntos. Pero ahí estaba, bajando detrás mía a pesar de todo. O Pedro, también superando sus problemas de rodilla y decidido a acabar el R2R2R fuese al ritmo que fuese. O toda esa gente con problemas muchísimo más grandes que los míos pero con unas ganas de superación y esfuerzo admirables. Estos pensamientos me convencieron para seguir hacia delante, pasito a pasito al ritmo que pudiera seguir pero hasta acabarlo.
Así que, tras el intenso dolor inicial, reanudé el camino primero andando y luego trotando ligeramente. A partir de este punto es una ligera subida y si mi zancada era suficientemente corta podía mantener el dolor a raya. Maldije mi mala suerte muchas veces. Al poco rato llegué al campamento principal donde recargué agua completamente. Llevaba dos botellas de agua de unos 700ml cada una además de la vejiga de 1,7L. Sin embargo la vejiga la llevaba sin boquilla, mi plan era usarla como emergencia y verter el agua en los botellines si se quedaban vacíos. Se suponía que había agua al menos a mitad de camino en los 22Km que restaban hasta el borde norte así que los dos botellines serían suficiente. Cuando abandoné el Bright Angel Campground aún no me había alcanzado ninguno de mis compañeros. Hacía poco que había amanecido y también guardé el frontal en la mochila.

El siguiente segmento es una subida muy gradual y suave por el fondo del cañón, encajonado entre paredes enormes y donde el GPS se vuelve loco. Mi plan inicial era hacer este segmento bastante rápido pero el esguince lo torció evidentemente. Troté como pude pero el tobillo se hinchaba cada vez más y dolía en ambos lados. Llegó un punto que ya tuve que sacar los bastones de la mochila y emplearlos a fondo para quitar peso y esfuerzo del tobillo derecho. A los 11Km llegué al Cottonwood Campground donde de nuevo llené de agua los botellines. El dolor seguía creciendo y ahora tocaba superar el salvaje desnivel que hay para subir la pared norte del Gran Cañón (unos 1.200 metros).
A pesar de que el dolor aumentaba y la movilidad del tobillo se reducía, podía subir a buen ritmo la cara norte. Los pasos cortos que hay que dar para subir eran tolerables. Mucha gente bajaba por el camino y les sorprendía verme subir corriendo -en realidad alternaba correr y andar, obviamente- así que me animaban al pasar. Se crea un ambiente muy especial y una conexión entre toda la gente que compartimos esta ruta, aunque la mayoría de gente lo divide en etapas para hacer en varios días, los hay más atrevidos que hacen un «rim to rim» en el día. Luego están los «locos» de la ultra-distancia que hacen el «rim to rim to rim» en el mismo día.
Durante la subida la lluvia hizo acto de presencia por primera vez. Pero era muy fina y se agradecía que ayudase a mantener el polvo del camino en el suelo. Finalmente llegué al lado norte y me sentí muy contento. A pesar de la lesión y el dolor, me había llevado 5 horas en total alcanzar este punto. Volví a llenar de agua los botellines mientras charlaba un poco con un grupo de montañeros de Ilinois que me contaron que habían hecho el Camino de Santiago nada más les dije que era de España. También me hice un par de fotos con el móvil rápidamente y me dispuse a bajar. El esguince me preocupaba cada vez más y detenerme no hacía si no empeorar las cosas. Sabía que si se enfriaba la cosa podía ponerse muy fea. Mi plan era parar lo justo para llenar agua y no dejar de moverme en ningún momento.

Aún así cuando comencé a bajar vi a Vitor -un amigo portugués que se había unido al grupo para esta aventura- que estaba llegando así que le esperé. Le conté mi problema y también nos hicimos un par de fotos. Él me dijo que iba a descansar un buen rato antes de descender. Yo no podía quedarme quieto ni un segundo con un tobillo hinchado a punto de explotar, así que le dije que yo empezaba a bajar y que ya me cogería.
En la impresionante bajada de la pared norte es cuando las cosas empezaron a ponerse feas de verdad. Había podido subir decentemente controlando el dolor y tirando mucho de brazos y con zancadas muy cortas. Pero la bajada suponía demasiado para mi tobillo, aunque me apoyaba casi completamente en los bastones, el movimento del pie descendiendo era nefasto. Cada paso era un suplicio y el pie había perdido toda movilidad, completamente agarrotado con un dolor infernal. Empecé a asustarme. Bajaba pasito a pasito apoyando en los bastones, ladeándome para buscar una posición aceptable. Me encontraba a 30 kilómetros del lado sur, por el que tendría que subir 1.500m de desnivel, y no podía dar un sólo paso. Ni siquiera con los bastones. No tenía ni idea de cómo iba a poder salir de ahí por mis propios medios. La situación se estaba poniendo muy fea.
Durante esta bajada fui encontrándome al resto de mis compañeros que subían. Primero vi a Luis y luego a Joaquín y a Daniel que iban juntos. Tras contarles lo sucedido me sugirieron subir de nuevo con ellos los 500 metros de desnivel que había descendido y tomar un autobús de vuelta al lado sur (que tarda unas 5 horas ya que obviamente tiene que dar un rodeo inmenso). En ese punto aún no había llegado a la situación de bloqueo total que llegaría más tarde así que lo descarté. Tengo recuerdos tristes de esas carreras que tienes que abandonar y derrotado has de montarte en un autobús para regresar. No quería sentir el fracaso y -estúpidamente quizás- decidí seguir bajando. Más tarde me encontraría al resto del grupo, a Xavi y Alberto y un poco más tarde a Andrés. También Vitor que ya venía de vuelta me pasó y preguntó cómo estaba al verme cojear malamente. Él me sugirió alcanzar el campamento y quedarme a dormir allí. Pero tal como tenía el tobillo, ni al día siguiente ni al cabo de una semana iba a estar en condiciones de salir por mi propio pie.
Aún tardé mucho rato en encontrarme con Pedro que venía muy rezagado cerrando el grupo. Cuando me vió incluso se asustó. En ese punto yo estaba desencajado y en modo pánico viendo que estaba en lo más profundo del Gran Cañón del Colorado, con dos paredes de 1.500m de desnivel a cada lado, con un dolor horrible e incapaz de dar un solo paso. Había tocado fondo.
Entonces Pedro obró el milagro. Sacó su botiquín y me dió dos pastillas de ibuprofeno para contener la inflamación y un paracetamol con codeína para el dolor. Desesperado, saqué el agua y me tragué las pastillas. Nos deseamos suerte mutuamente y nos despedimos, él camino de completar la primera mitad de su aventura y yo a seguir tratando desesperadamente de acercarme centímetro a centímetro al final. Los palos no daban más de si y mis movimientos eran cada vez más torpes, incluso me caí al suelo desequilibrado en un paso raro. Realmente había tocado fondo.
Supongo que sería por tener el estómago relativamente vacío ya que sólo me había alimentado de geles hasta este punto, pero al cabo de unos 20 minutos el medicamento empezó a surtir efecto. Aunque notaba los ligamentos a ambos lados del tobillo reventados, el dolor comenzaba a desaparecer. De repente se había abierto una oportunidad para resolver la situación y salir por mis propios medios. La decisión estaba clara, apretar al máximo mientras no sintiera dolor y salir cuanto antes del Gran Cañón.
Me ajusté los auriculares, enchufé la música y empecé a descender la relativamente suave bajada que hay desde la base de la pared norte hasta el campamento principal. Cuanto menor era la pendiente de bajada, mejor para mi tobillo. El dolor había desaparecido y sólo tenía la hinchazón y sensación de debilidad (y herida) en el tobillo. Corrí todo lo rápido que me permitía el esguince ahora anestesiado. Las piernas las tenía frescas y los músculos de zancada rápida los tenía descansados. Para mi sorpresa incluso alcancé a Vitor cuando llegué al campamento principal. Él estaba comiendo y alucinó al verme, me dijo que le quedaba un rato aún de descanso antes de reanudar la marcha. Yo no podía perder ni un segundo del efecto de la codeína. Tenía que seguir como fuera. Y eso hice. Cargué agua para afrontar los 11Km de subida y 1.457 metros de desnivel del «South Kaibab Trail», incluso llené la vejiga con agua de emergencia porque sabía que los dos botellines me vendrían muy justos incluso si no había imprevistos durante la subida.
Volví a cruzar el río Colorado por el puente y pasé por el fatídico punto donde me lesioné. Pero donde antes había maldicho mi mala suerte, ahora me sentía feliz e increiblemente afortunado de poder estar saliendo por mis propios medios de una situación que podía haberse complicado mucho por culpa de mi estupidez de seguir hacia delante cuando tuve el accidente.
La subida por el South Kaibab es espectacular durante el atardecer. Este día habían tormentas y empezó a llover. Los rayos descargaban pero afortunadamente lo hacían unos 10Km más al oeste de donde yo estaba. El viento también arreciaba y la temperatura bajaba peligrosamente. Tuve que parar a ponerme la chaqueta corta-viento que llevaba en la mochila (había ido en manga corta hasta ese momento).
Al cabo de 6 horas desde que había llegado al lado norte del Gran Cañón había alcanzado su lado sur. 11 horas en total me llevó completar esta -para mí- odisea. Aunque aún me quedaba el kilómetro largo para llegar a donde habíamos aparcado la furgoneta. La fina lluvia que me caía en ese momento no me importaba lo más mínimo, estaba feliz y satisfecho.
Una vez dentro de la furgoneta puse la calefacción a tope para intentar entrar en calor. También comí por fin algo sólido, estaba harto de geles. Decidí no quitarme la zapatilla, calcetín y polaina de mi hinchado tobillo hasta llegar al hotel. De algún modo estaban aguantando todo y el analgésico aún hacía efecto, eso me hacía poder funcionar porque aún quedaba mucha noche por delante. El haber llegado primero a la furgoneta significaba que tenía que encargarme de esperar y recoger al resto de compañeros según fuesen llegando.
Con el paraguas salí del furgoneta y me acerqué al borde del cañón para establecer contacto por radio. Los que hubieran salido ya de lo más profundo del cañón deberían poder establecer comunicación conmigo. Pude contactar con Íñigo y Luis que venían juntos, calculaban que les quedaban unos 45 minutos que al final se fueron a la hora y media larga. La tormenta arreciaba así que decidí mover la furgoneta al principio del camino para evitarles el kilómetro extra, ignorando la prohibición de acceder en vehículo particular. Hacía mucho frío y con la tormenta el peligro de hipotermia estaba ahí. Además ya era completamente de noche.
De hecho, mientras esperaba a Luis e Íñigo, vi a otros montañeros esperando al autobús ateridos de frío. Les invité a subir a la furgoneta donde tenía la calefacción a tope mientras esperaban. No dudaron un segundo, se metieron 8 personas dentro de la furgoneta a esperar. Les expliqué que esperaba a dos compañeros y que cuando llegasen les llevaría al hotel así que podría llevar también al resto de «invitados». Al rato llegaron Luis e Íñigo pero también lo hizo el autobús, así que el resto de gente se marchó y nosotros nos dirigimos al hotel. Previamente había establecido contacto con el siguiente grupo, Joaquín y Caio, y aún les quedaba una hora al menos para llegar.
Dejé en el hotel a Íñigo y Luis y regresé inmediatamente a por el siguiente grupo. De nuevo aparqué lejos del camino, me fui al borde del cañón para hablar y cuando les quedaban pocos metros para llegar conduje la furgoneta ilegalmente hasta el principio del camino para recogerlos. Así repetí la jugada con Joaquín y Caio. Bajo una lluvia intensa les llevé al hotel y regresé a por el resto de compañeros que seguían en el Gran Cañón.
El siguiente grupo era Alberto, Xavi, Andrés y Daniel. Aún les quedaba una hora larga para llegar. Óscar ya había regresado de sus casi 50Km bajando y subiendo por el lado sur, y aunque estaba agotado por el esfuerzo se vino conmigo en la furgoneta para recoger al resto del grupo.
Mojados y destrozados subieron todos los del siguiente grupo a la furgonta. Todos habían completado el R2R2R y las felicitaciones se repartieron por la furgoneta. Por cierto, Vitor había decidido subir al lado sur por un camino diferente, el «Bright Angel Trail», por lo que él fue directamente al hotel por su cuenta varias horas antes (llegó a la vez al final de su camino que yo al mío).
Sólo quedaba Pedro ahí abajo, metido en algún lugar del profundo cañón. Infructuosamente intenté contactar con radio con él. Yo le había dado la radio personalmente justo antes de empezar. Al no tener respuesta imaginé que estaba bastante atrás, en la zona más abrupta y donde no llega la señal de radio. Era bastante tarde y la tormenta seguía instalada descargando.
Al regresar de nuevo al hotel para dejar al último grupo aprovechamos para conectarnos a internet y mirar la última posición de Pedro que había emitido el Spot que afortunadamente lleva siempre encima (es un emisor vía satélite de tu posición). Hicimos cálculos y le quedaban aún horas para llegar, la primera estimación fue que llegaría sobre la 1 de la mañana. Decidimos cenar algo. Yo por fin me quité las zapatillas y me duché. El tobillo estaba inflamado y con muy mala pinta, pero ya no tenía que castigarlo más, a partir de ahora a curarlo. Hasta la una seguimos vigilando las actualizacions de posición por satélite de Pedro, incluso cogimos la furgoneta para acercarnos al borde e intentar establecer contacto por radio pero no contestaba. A eso de las 2 de la mañana recibimos un mensaje por Whatsapp de Pedro, de algún modo había llegado un poco de señal de telefonía y decía que no llevaba la radio encima, que se la había dejado a Caio en un momento de la actividad. Además según el GPS estaba regresando por una ruta diferente, la del «Bright Angel Trail», que son 5Km más pero con un desnivel más suave y 115 metros menos de elevación neta.
No fue hasta las 3 de la mañana pasadas que vimos aparecer finalmente a Pedro, agotado tras casi 23 horas de actividad, mojado y hambriento como nunca. Pero él estaba feliz. Aunque yo lo estaba aún más de verle, Pedro me había salvado de una situación que se me había complicado enormemente. Si ya lo estaba antes, ahora estoy aún más en deuda con él.
Sobre las 4 de la mañana estábamos de vuelta en el hotel. Ahora sí habíamos regresado todos con el R2R2R en nuestros bolsillos. Tras unas últimas 24 horas mágicas, de lucha, superación y amistad, caí muerto en la cama. Ahora sí, podíamos marcar el R2R2R como hecho. Ahora a por la siguiente aventura juntos.


Datos de la carrera:

Tenéis la ruta, tiempos y parciales (esta vez con mucho error del GPS) en Strava:
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