Dentro de la Everest Trail Race. La locura de Katmandú.

Nuestros compañeros Raúl Leorza y David Sánchez está en Nepal, integrados en la Organización de la Everest Trail Race, para traernos toda la actualidad de la octava edición de la prueba. Además de la última hora de la carrera, también compartirán sus sensaciones como miembros del equipo organizativo.

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Poco y mucho que contar del domingo, a priori, un día de transición, montando la zona de recepción a los corredores, que llegan mañana lunes. Iremos a recibirlos al aeropuerto.

Mientras pasamos un domingo de trabajo con tareas varias, aunque parezca mentira, el hecho de tener que redactar te obliga a informarte mucho más, el hecho de grabar nos obliga a tener mucho material de recurso, muchas imágenes que poder utilizar en cualquier momento y, pensando en eso, nos dirigimos a la ciudad a aprender un poco más de ella y de su forma de vida. Os podemos adelantar que es muy chocante.

El paseo por el Thamel turista te deja con ganas de más, para ello vamos más hacia el S de ciudad, paseando, buscando el Thamel de la gente local, y doy fé de que lo encontramos. Las fotos y los vídeos hacen idea de lo que puedes ver, pero los olores y el stress por el tráfico no os lo podemos transmitir.

Paso segundo, tomamos un lassi y visita a la plaza Durbar, ver cómo ha quedado tras los terremotos da bastante pena y visitar a varios dioses, uno de ellos vivo, nos deja muy asombrados.

Desde allí al templo Pashupatinath, aquí donde queman a sus muertos de manera pública, donde te enfrentas a una manera diferente de concebir la muerte, y la vida. Esto te deja u poco KO. El caos del tráfico de vuelta hace el resto, reunión técnica y cena, comida diferente, estaríamos así una vida entera.

El lunes llegan los corredores, la cosa se anima.

A priori puede parecer sencilla la recogida de cerca de cincuenta personas en un aeropuerto, pero si decimos que estamos en Katmandú la cosa cambia, y cambia mucho.

Salimos del hotel con tiempo suficiente para llegar un autobús y una furgoneta a recoger a los corredores al aeropuerto. El avión llega en hora, más o menos, pero los trámites administrativos duran cerca de dos horas y media, es decir, que te den el visado y recoger las maletas, acercan a los corredores al parquín a eso de las 13:00.

Lo que vamos a contar ahora carece de alguna lógica pero, para recorrer los, aproximadamente, 150 m en línea recta que hay desde la salida del aeropuerto y donde se encuentra aparcado el bus, empleamos a siete personas, que acompañan a los corredores según van saliendo.

Tal es el barullo general de gente, caos circulatorio y trasiego de mercancías, que en esos escasos metros se puede perder cualquiera, y no es ninguna broma. Subidos todos a los vehículos y con los equipajes en los maleteros salimos hacia el hotel, el atasco es monumental, otra hora y media de bus para un recorrido que, en condiciones normales, suele ser de unos veinticinco minutos.

Llegada al hotel, por fin, recibimiento, entrevistas, fotos, etc..

Nosotros comemos y tenemos la reunión técnica definitiva, salimos a cenar y pronto de recogida, mañana nos levantamos muy temprano para ver salir el sol en el templo de los monos, Swayambhu, esto será otra cosa.

 

 

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