El catalán Oriol Cardona y la andaluza Ana Alonso han dado las primeras dos medallas a la delegación española presente en los Juegos Olímpicos de Invierno que se están disputando en Milán y Cortina d’Ampezzo (Italia) tras sumar el oro y bronce en la prueba de Sprint del esquí de montaña.
El esquí de montaña ha vuelto a demostrar que, cuando España sueña en blanco, lo hace a lo grande. Oriol Cardona y Ana Alonso han estrenado el medallero de la delegación española en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán‑Cortina con dos actuaciones para enmarcar: oro para el catalán, bronce para la granadina. Dos medallas, dos historias y un mismo mensaje: este deporte ya no es una promesa, es una realidad.
Cardona, 31 años, nacido en Banyoles y con un palmarés que ya intimidaba antes de ponerse el dorsal, cumplió con los pronósticos en la prueba Sprint. Apenas unos minutos después de que Alonso asegurara el bronce, él remató la faena para convertirse en el segundo campeón olímpico invernal de la historia de España. El primero, Paquito Fernández Ochoa, llevaba más de medio siglo esperando compañía desde aquel oro mítico en Sapporo 72. Ya la tiene.
En categoría femenina, Ana Alonso firmó una de esas historias que trascienden el deporte. Hace solo cuatro meses un coche la arrolló mientras entrenaba en bicicleta. Lesiones graves, recuperación incierta… y hoy, bronce olímpico en Bormio. La suiza Marianne Fatton se llevó el honor de ser la primera campeona olímpica de la disciplina, con la francesa Emily Harrop en la plata, pero la imagen del día fue la de ‘Anita’ cruzando la meta, emocionada, consciente de que acababa de cerrar un círculo que parecía imposible.
Lo de Oriol Cardona no ha sido una sorpresa. Ha sido una confirmación. El catalán ha llegado a estos Juegos con la madurez del que ya no necesita demostrar nada, pero sí quiere demostrarlo todo. Desde la primera transición se le ha visto suelto, fino, leyendo la carrera como quien conoce cada palmo del terreno aunque esté compitiendo en un escenario nuevo.
Cuando llegó el momento decisivo, Cardona no dudó. Apretó donde otros miraban de reojo, atacó donde otros calculaban. Y en la última subida, esa que separa a los buenos de los que hacen historia, se marchó solo. La meta le recibió con un grito que llevaba años guardado. España ya tenía su primer oro olímpico en esquí de montaña.
Si lo de Cardona fue un golpe de autoridad, lo de Ana Alonso fue una lección de resistencia emocional. La granadina ha construido su carrera desde la constancia, desde ese trabajo silencioso que no siempre aparece en los titulares pero que sostiene a los equipos y empuja a las generaciones que vienen detrás.
En Milano Cortina, Alonso ha competido con una serenidad admirable. Supo sufrir cuando tocaba, supo esperar cuando la carrera se enredaba y supo atacar cuando el podio estaba al alcance de la mano. Su bronce es un premio merecido, rotundo y simbólico: España no solo tiene un campeón olímpico, tiene un equipo capaz de pelearlo todo.
El esquí de montaña ha entrado en el programa olímpico con la fuerza de quienes llevan décadas luchando por este reconocimiento. Y España, que siempre ha tenido talento, pasión y montaña, necesitaba una jornada así para reivindicarse. Cardona y Alonso no solo han ganado medallas: han abierto una puerta que ya no se va a cerrar.
