No estaba previsto que estuviera allí. La borrasca Therese había barrido la Tenerife Bluetrail del calendario y, en un movimiento muy suyo, Courtney decidió cambiar el Teide por las colinas toscanas. Improvisación pura. O quizá intuición. La victoria de Courtney en Chianti no fue solo un triunfo más. Fue la vuelta a la normalidad tras una temporada pasada marcada por altibajos, dudas y resultados inesperados. Si 2025 fue un año irregular, Chianti fue el recordatorio de que la magia seguía ahí, intacta, esperando el terreno adecuado para aparecer.
Los primeros kilómetros del Chianti Ultra Trail son un espejismo: pistas rápidas, senderos suaves, viñedos que se abren como un pasillo ceremonial. El tipo de terreno donde cualquiera puede sentirse fuerte… durante un rato. Courtney lo sabía. No entró al trapo. Se dejó llevar, ligera, sin prisa, como quien pasea por un lugar que quiere recordar.
Mientras otras corredoras marcaban ritmo, ella observaba. Respiraba. Calculaba.
A partir del kilómetro 60, la Toscana deja de ser postal y se convierte en montaña. El Monte Luco primero, el Monte San Michele después. Dos ascensos que separan a quienes vienen a competir de quienes vienen a sobrevivir. Ahí apareció la Courtney de siempre. La que no necesita atacar para ganar, porque le basta con no aflojar. La que sube con la cadencia de un metrónomo y baja con la soltura de quien confía en cada piedra.

Poco a poco, sin un gesto dramático, sin un cambio brusco, fue adelantando. Una corredora, luego otra. Hasta que, en los últimos compases, tomó el liderato con la naturalidad de quien recoge algo que se le había caído.
La llegada a Radda fue un abrazo colectivo. El público, los voluntarios, los niños que estiraban la mano para chocar la suya. Courtney entró como entra ella: riendo, agradeciendo, disfrutando.
No era una victoria planificada. No era un objetivo de temporada. Era algo mejor: una historia que solo ocurre cuando el calendario se rompe y la intuición toma el mando.
En Chianti no ganó la Courtney invencible. Ganó la Courtney que improvisa, que se adapta, que convierte un contratiempo en una aventura. La que demuestra que el trail no es solo competir, sino estar dispuesto a dejarse sorprender por el camino.
Chianti no contradice la temporada 2025. La explica. Demuestra que Courtney no ha perdido talento, ni hambre, ni capacidad. Lo que perdió en 2025 fue regularidad, no grandeza. Chianti fue la prueba de que, cuando el cuerpo acompaña y la cabeza respira, sigue siendo una de las mejores del planeta.