En el mundo del trail y del deporte popular estamos acostumbrados a ver cómo los grandes proyectos nacen desde abajo: desde la ilusión de un corredor anónimo, desde una causa personal, desde un gesto que busca sumar más que brillar. Lo que no es tan habitual es que una de esas ideas, trabajada y presentada con rigor, acabe convertida en una campaña corporativa sin rastro de su origen. Y eso es, precisamente, lo que denuncia el protagonista de esta historia.
En febrero de 2025, Germán Romera contactó por iniciativa propia con el departamento de marketing de Decathlon. Lo hizo a través de un trabajador de la propia empresa, con una propuesta clara: correr 24 horas seguidas en una cinta, un reto de resistencia con un objetivo benéfico vinculado a la diabetes.
No era un mensaje improvisado ni una ocurrencia lanzada al aire. Había un dossier completo, estructurado, con el concepto del reto, su finalidad solidaria y el potencial de visibilidad para las marcas implicadas. Entre ellas, la propia Decathlon, a la que se proponía integrar el proyecto utilizando las nuevas zapatillas Kiprun como parte natural de la colaboración.
La documentación enviada —que incluye el dossier, conversaciones con responsables de la empresa y correos dirigidos incluso al directores de departamento— deja claro que la propuesta existió, que fue formal y que buscaba un acuerdo de patrocinio tanto personal como para el desarrollo del reto.
Meses después, Decathlon anunció públicamente un reto de 24 horas en cinta. El mismo formato. La misma estructura. La misma narrativa deportiva. Pero convertido en una acción de marketing y protagonizado por Verdeliss, una figura mediática con millones de seguidores. El proyecto solidario original desaparecía del mapa. También su autor. Lo que quedaba era una campaña publicitaria con un envoltorio muy similar al que él había presentado meses antes.
Gemán Romera no cuestiona la elección de Verdeliss ni la estrategia de marketing. No busca confrontación. Lo que pide es reconocimiento del origen y transparencia, especialmente porque muchas personas que conocían su proyecto le han escrito al ver la campaña de Decathlon y detectar similitudes evidentes. Germán Romera completó con éxito el pasado noviembre el desafío “Yo sudo por la diabetes 24 horas”, una iniciativa apoyada por la Asociación Murciana para el Cuidado de la Diabetes (ADIRMU) en el marco del Día Mundial de la Diabetes. Durante 24 horas seguidas y sobre una cinta de correr instalada en Murcia, Romera consiguió alcanzar 157 kilómetros, un logro de enorme resistencia física y emocional.
Este episodio abre una reflexión incómoda pero necesaria: ¿Qué ocurre cuando una gran empresa toma una idea nacida desde lo personal, desde lo solidario, y la transforma en un producto comercial? ¿Dónde queda el trabajo creativo? ¿Dónde queda la intención social? ¿Quién protege a quienes impulsan iniciativas sin grandes presupuestos, pero con una motivación genuina?
En un ecosistema donde marcas y deportistas independientes conviven, estas situaciones erosionan la confianza. Y, sobre todo, desincentivan que proyectos solidarios —que ya de por sí requieren un esfuerzo titánico— encuentren apoyo en quienes podrían amplificar su impacto.
El comunicado que el corredor ha hecho público no busca polémica. No exige compensaciones. No señala culpables. Solo pide que se reconozca el origen de la idea y que se respete el trabajo que hay detrás de un proyecto solidario que, en su forma original, pretendía ayudar a quienes conviven con la diabetes.
En un mundo donde el deporte es cada vez más escaparate, recordar que algunas iniciativas nacen del corazón —y no del marketing— es más necesario que nunca.
