La Real Federación Española de Atletismo ha anunciado el equipo para el Mundial de 100 km que se celebrará en España, un detalle que debería haber centrado la conversación en el nivel del equipo, en la oportunidad histórica y en las opciones reales de competir en casa. España presenta una preselección de cinco hombres y cuatro mujeres, con nombres de enorme solvencia en el ultrafondo nacional. Entre ellas, corredoras de enorme recorrido, experiencia y palmarés como Gemma Arenas, Carmen Pérez o María Romero. Entre ellas, también, la influencer Verdeliss, una presencia que está devorando el relato y eclipsando al resto de protagonistas de la selección.
Verdeliss ha logrado la marca mínima exigida por EspañaAtletismo para estar en el Mundial. Ese dato es objetivo y debe ser reconocido, pero el problema no es su marca, el problema es cómo su nombre ha eclipsado todo lo demás. Mientras los medios especializados analizan ritmos, parciales y proyección competitiva, los medios generalistas han tratado la noticia como si fuera un capítulo de entretenimiento. Apenas explican qué es un Mundial de 100 km, qué nivel tiene, qué supone correr 4h, 7h o 8h en asfalto, o quiénes son las otras seleccionadas. Para ellos, la noticia no es el equipo. La propia Verdeliss tampoco ayuda, compartiendo amargamente en sus redes sus dudas sobre cómo va a poder compaginar el entrenamiento con la conciliación con hijos y trabajo y olvidándose, por ejemplo, de que toda una institución del trailrunning español como es Gemma Arenas lleva años encajando turnos de trabajo, familia y competiciones que se traducen en medallas para nuestro deporte.
La noticia, desgraciadamente, no es la selección y sus componentes. La noticia es Verdeliss y eso implica muchos efectos y muy pocos positivos:
Eclipsar a las otras corredoras — Atletas con mejores marcas, trayectoria sólida y opciones reales de competir quedan relegadas a un pie de página.
Desinformación generalista — Muchos medios ni siquiera mencionan que España compite en casa, ni explican la dureza del 100 km.
Cambio de narrativa federativa — La Federación parece cómoda con el foco mediático, aunque desplace el mérito deportivo.
Marca mínima sí, pero contexto no — Cumplir el criterio técnico no justifica que el debate se haya convertido en un fenómeno viral.
La presencia de Verdeliss no invalida su esfuerzo ni su derecho a competir. Pero sí distorsiona la percepción pública, hablándose más de su historia personal, compartida hasta el hastío en redes, que del hecho de que España compite como anfitriona, analizando más su impacto mediático que los ritmos de competición del equipo y viralizando más su nombre que los logros de quienes llevan años luchando por esta plaza.
El resultado es claro: el Mundial deja de ser un evento deportivo y se convierte en un fenómeno de audiencia que deja como mayores damnificadas a sus compañeras de selección que, con méritos deportivos muy superiores, quedan enterradas bajo la ola mediática. Además el ultrafondo español, con años de lucha por el reconocimiento que incluso ha llevado a la creación de una Delegación Española de Ultrafondo fuera del paraguas de la RFEA, ve como la disciplina se trivializa, por no hablar de la credibilidad de la selección, que separa el foco del rendimiento.
Si es bueno o malo para el ultrafondo español nos lo dirá el futuro. Puede ser positivo para la visibilidad, porque atrae a públicos que jamás mirarían un Mundial de 100 km pero que nunca llegarán a comprender la disciplina, los mismos que llamar maratón a cualquier carrera popular, sea de la distancia que sea. Malo también para el deporte, porque desplaza el mérito, confunde el mensaje y convierte una disciplina de élite en un escaparate mediático.
La pregunta no es si Verdeliss merece estar —tiene la mínima, punto— sino qué significa que su presencia eclipse a quienes llegan con mejores resultados y más opciones competitivas. Puede que el debate no sea Verdeliss, o sí. Puede que el debate sea el modelo. Un Mundial de 100 km debería ser un templo del rendimiento y no un escaparate en el que lucirse.