Black Canyon Ultras no es un escenario amable para quien llega por primera vez. Sus 100,1 kilómetros, con un perfil descendente pero engañoso —+1590 m y -2236 m—, obligan a correr rápido, gestionar aún más rápido y mantener la cabeza fría cuando el desierto aprieta . Es una prueba que premia la valentía, y Seidel la tuvo desde el primer metro.
La estadounidense, bronce olímpico en maratón, se presentó en Arizona sin estridencias, pero con la determinación de quien sabe que el ultratrail no regala nada. En un cartel más profundo que nunca, con corredoras capaces de dinamitar ritmos de récord, Seidel se mantuvo siempre en la pelea. No cedió cuando la carrera se rompió en la segunda mitad, ni cuando las piernas empezaron a recordar que el asfalto y el desierto hablan idiomas distintos.
El resultado final la situó solo por detrás de Jennifer Lichter, Anne Flower y Tara Dower, todas ellas especialistas contrastadas en la distancia. Y, lo más importante, la colocó directamente en la línea de salida de Western States 100, sin pasar por la lotería ni por el eterno juego de probabilidades que acompaña a la prueba californiana.
En el ecosistema del trail estadounidense, un Golden Ticket es mucho más que un dorsal. Es un atajo hacia la carrera más icónica del país, un privilegio reservado a quienes logran destacar en un puñado de pruebas selectas. Black Canyon es una de ellas, y una de las más disputadas: cada año, cientos de corredores llegan con las piernas frescas y la ambición intacta, sabiendo que solo tres plazas por sexo abren la puerta a Olympic Valley .
Que Seidel haya conseguido una de esas plazas en su debut en la distancia no es solo un dato estadístico. Es una declaración de intenciones. Es la confirmación de que su transición al ultratrail no es un experimento, sino un proyecto deportivo con fundamento.
El paso de Seidel al ultratrail ha sido observado con lupa desde que anunció su intención de explorar distancias más largas. Su historial en maratón —incluyendo su brillante actuación olímpica— la situaba como una candidata natural para pruebas rápidas como Black Canyon, donde la gestión del ritmo es tan decisiva como la fortaleza mental.
Pero el ultratrail exige algo más: adaptación al terreno, tolerancia al calor, capacidad de improvisar cuando el cuerpo deja de obedecer. En Arizona, Seidel demostró que ese aprendizaje ya está en marcha.
La propia Territorio Trail Media anticipaba que la edición 2026 reuniría a “algunos de los mejores corredores del país, con el añadido de internacionales, en una prueba rápida y con las piernas mayormente frescas” . En ese contexto, su actuación adquiere aún más valor.
Con el Golden Ticket asegurado, Seidel tiene ahora varios meses para preparar su debut en las 100 millas más legendarias del mundo. Western States no es Black Canyon: es más larga, más técnica en algunos tramos, más calurosa, más imprevisible. Pero también es un escenario donde las corredoras con motor infinito y mentalidad competitiva suelen encontrar su sitio.
Su presencia en la línea de salida añadirá un punto de interés a una edición que ya se anticipa histórica. Y, sobre todo, confirma algo que muchos intuían: Molly Seidel ha llegado al ultratrail para quedarse.