Más al norte, hacia la tundra y los buscadores de oro. Marcos Yánez, en el ecuador de #runforleucemia

Adaptado a las duras condiciones de Alaska, Marcos Yánez avanza con paso firme hacia el "magic bus", punto final del proyecto.

Hoy pasamos el ecuador del reto. El equipo de #RunForLeucemia desmonta la maraña de cargadores y adaptadores eléctricos que cada noche despliega allá donde duerme. Toca recogerlo todo antes de iniciar la tercera etapa (Trapper Creek-Petersville, territorio de buscadores de oro) y trasladarlo todo al siguiente lugar de hospedaje. Una expedición en ruta como la nuestra es cualquier cosa menos relajante.

Mientras el interior bulle con intensidad y miradas fijas al suelo para esquivar bultos, cables y tecnologías varias, en el porche trasero se decreta calma: Marcos Yánez entrevista a Sandra Hinton, donante de médula ósea y nuestra anfitriona estos dos últimos días, con el apoyo idiomático de Eoin Flynn y los objetivos de Antonio Domingo Pérez y Marcos Cabrera.

Luce un sol puro en este cielo de azul de Wasilla, tan intenso, que parece visto a través de un filtro polarizado. Las avionetas con patines de flotadores para amarar en los lagos de Alaska suman una belleza especial al momento.

Una hora y media de coche hasta el punto de salida, Trapper Creek. Marcos habla a cámara de sus sensaciones del día anterior. Hoy se siente mejor que ayer de piernas. “El cuerpo se aclimata al entorno y también al esfuerzo”. Vemos un camión largo –de los que cruzan Estados Unidos- parado en el arcén y al camionero apuntando con una cámara a la planicie pantanosa que hay junto a la carretera. Ese gesto del conductor delata la presencia de varios alces con una cría.

Llegamos a la salida. Christy y Eric Youngblood nos aguardan. El sol domina el cielo. Hará mucho calor en pocas horas. Christy lleva una camiseta que dice ‘Corre como si la vida de otra persona dependiera de ti’. En esta carrera el lema se cumple palabra por palabra.

Salimos desde una chatarrería de venta directa junto a la carretera que regentan lo que parecen viejos hippies pero que son ‘colonos’ defensores del derecho a tener armas de fuego. La entrada está marcada por banderas USA pinchadas en el suelo y un cartel que dice ‘Local eggs’ sobre el que posa un cuervo salido de un taller de taxidermia. Viejos carteles de cualquier cosa, un surtidor de 1950, montañas de neumáticos, grandes cornamentas de alce y un Dodge de óxido uniforme sobre una chapa que sólo pudo adquirir esos volúmenes en tiempos de Bonnie and Clyde. Matrícula ‘Alaska HX 111. Historic Vehicle’, por si está interesado. Dos claros agujeros de bala en una de las ventanas traseras elevan su precio a 6.000 dólares. No parece tener motor.

Regresemos al presente. La Petersville Road llanea flanqueada por bosque tupido. Me adentro y sólo se escucha la hojarasca crujir a mi paso. Algunos árboles están claramente rasgados por las cornamentas de alces machos y las garras de osos. Más adelante, una señora para su todoterreno junto al nuestro y nos pregunta si hemos visto una vaca y un ternero que se le han escapado. Es una Alaska mucho más rural que la de días antes.

El bosque tupido de pinos y ‘cottonwoods’ comienza a esponjarse con claros de vegetación plana que ocultan un suelo saturado de agua. Es la tundra, señal de que subimos al norte.

Una hora después las ondas de calor son visibles sobre el asfalto. Los compañeros gráficos se rocían espray antimosquitos en manos, cuello y cabeza para trabajar fuera del coche. Grandes barbas de musgo verde pálido cuelgan varios metros de algunos árboles. Un hombre porta un arma corta mientras pasea con su mujer a la altura de un riachuelo. En frente, un hombre de mediana edad con camisilla blanca y brazos tatuados invita a Antonio a salir de su propiedad “if you don’t want to have problems”. Marcos para y también se rocía de antimosquitos.

Del lado de la hospitalidad surgen varios coches y caravanas. Una docena de personas a las que hemos conocido y explicado el proyecto esta semana han decidido dedicar el fin de semana con sus familias a acompañarnos en parte de nuestra ruta. Padres, niños y perros.

Acaba el asfalto y la tundra gana terreno frente al bosque. Una lluvia fina salpica el verde oscuro de las lagunas que surgen aquí y allá.

Otra sorpresa. Casey Randall, una de las personas que sumarán su historia a este documental, nos está esperando a mitad de recorrido con su familia. Casey, Christy y Marcos corren juntos unos kilómetros simbólicos y ‘fuera de programa’.

Marcos habla de molestias durante una parada técnica. Tiempo de tratar una ampollas en su pie derecho. A 15 kilómetros de Petersville los todoterrenos y caravanas quedan bloqueados por el mal estado de la pista de tierra. En adelante seguiremos solos.

Nos encontramos en un inmenso vacío de civilización donde en invierno caen dos metros de nieve de media y en el pasado fue territorio de buscadores de oro. Nos encontramos a uno de estos mineros de aventura, Mitchell Seiyrist, alias Tasszon, junto a su caseta de campaña y el grupo electrógeno. Lleva allí desde abril y seguirá hasta final de septiembre. Vive de lo que pesca y caza mientras saca todo el oro que puede del río con una bandeja escalonada, una pala, un plato hondo, unos baldes y poco más. Hablamos con él, ex boxeador, asegura, de manos y brazos incontestables, y nos despedimos. Así es la Alaska salvaje por la que corremos.

El reto deportivo y humano

El proyecto #RunForLeucemia’ se desarrolla en junio (del jueves 7 al lunes 11) a través de los bosques de Alaska. Una carrera en solitario de 300 kilómetros en cinco etapas, cada una de entre 50 y 60 kilómetros. El objetivo es concienciar a las poblaciones española y estadounidense sobre esta enfermedad y conseguir 3.000 nuevos donantes de médula ósea, con la colaboración de la organización ‘Be the match’ (http://join.bethematch.org/Marcos).

La primera etapa sale de Eklutna Lake y finaliza en Wolf Lake (58 kilómetros con desnivel positivo de 2.300 metros).

La segunda etapa sale de Hatcher Pass Lodge y finaliza en Willow Camping Area (53 kilómetros con 1.300 metros de desnivel positivo).

La tercera etapa sale de Trapper Creek y finaliza en Petersville (60 kilómetros con 1.200 metros de desnivel positivo).

La cuarta etapa sale de Triple Lake y finaliza en Healy (46 kilómetros con 2.400 metros de desnivel positivo).

La quinta etapa sale de Healy y finaliza en el ‘magic bus’ de la película ‘Hacia rutas salvajes’, después de atravesar un río sin puente (45 kilómetros con 800 metros de desnivel positivo).

Este final de ruta tiene un gran simbolismo para ‘Run for leucemia’, ya que la odisea personal de Christopher McCandless, que terminó en 1992 en el ‘magic bus’, recoge ese afán inconformista y de superación que imprime Marcos Yánez a su proyecto.

 

 

Marcos YánezRun for Leucemia
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