La Montaña Viva, cuando Nan Shepherd nos recuerda cómo caminar por dentro

La Montaña Viva, de Nan Shepherd, pertenece a esa categoría rara en la que la literatura de montaña deja de ser relato de conquista para convertirse en una forma de estar en el mundo.

Hay libros que no se leen: se respiran. La Montaña Viva, de Nan Shepherd, pertenece a esa categoría rara en la que la literatura de montaña deja de ser relato de conquista para convertirse en una forma de estar en el mundo. Y quizá por eso, quienes pasamos tantas horas en senderos —corriendo, caminando o simplemente dejándonos llevar— encontramos en sus páginas algo parecido a un espejo. Uno que no devuelve nuestra imagen, sino la del territorio que habitamos.

Shepherd escribió sobre los Cairngorms como quien conversa con un viejo amigo. No hay épica, no hay cumbres tachadas en una lista, no hay ese impulso de “llegar” que tantas veces nos arrastra. Lo suyo es otra cosa: una invitación a bajar el ritmo, a escuchar el agua bajo la nieve, a notar cómo cambia la luz cuando el viento decide girar. Una forma de atención radical que, en tiempos de relojes GPS y ritmos por kilómetro, suena casi subversiva.

Lo que sorprende al leerla hoy es la vigencia de su mirada. Shepherd entiende la montaña como un organismo vivo, cambiante, que no se deja poseer. Y esa idea, tan sencilla, desmonta muchas de nuestras inercias. Porque, al final, ¿cuántas veces subimos a un pico sin realmente verlo? ¿Cuántas veces corremos un sendero sin escucharlo?

En La Montaña Viva, la autora se detiene en lo pequeño: el tacto del granito húmedo, el olor de los brezos, la textura del aire cuando cae la tarde. Y en esa atención microscópica aparece lo que quizá sea el corazón del libro: la montaña no es un escenario, sino un diálogo. No vamos a ella para imponernos, sino para aprender a estar.

Quien haya pasado horas en la montaña reconocerá esa sensación de que, a veces, el paisaje te coloca en tu sitio. Shepherd lo formula con una claridad que desarma: la montaña no se conquista, se comparte. Y esa idea, trasladada al trail, tiene algo de revelación. Leer a Shepherd es como volver a un sendero conocido y descubrir que nunca lo habías visto del todo.

La Montaña Viva no es un manual de montaña ni un diario de ascensiones. Es un texto que se mueve entre la poesía, la filosofía y la geografía emocional. Un libro que pide tiempo, igual que un amanecer en altura. Y que, cuando se termina, deja una pregunta flotando: ¿y si la verdadera cima no estuviera arriba, sino dentro?

Quizá por eso resuena tanto entre quienes amamos el trail. Porque, al final, correr por la montaña no va solo de avanzar: va de pertenecer. Y Shepherd, desde su silencio escocés, nos recuerda que la montaña está viva… y que nosotros también lo estamos cuando la escuchamos.

 

Nan Shepherd
Comments (0)
Add Comment