En el mundo del skyrunning hay nombres que no solo llenan clasificaciones, sino que definen una época. Entre ellos, pocos han brillado con la fuerza, la constancia y la elegancia competitiva de Megan Kimmel, una atleta cuya huella permanecerá indeleble en la historia de las carreras por montaña. Hoy 15 de junio la ISF (International Skyrunning Federation) ha compartido en sus redes la noticia de su fallecimiento, por el momento sin conocer más datos ni las causas.
Greg Vollet, el que fuera su team manager en Salomon, compartía estas palabras:
«Conocí a Megan cuando la incorporé al equipo internacional de Salomon en 2015. Rápidamente se convirtió en una de las atletas más exitosas de nuestro deporte, logrando victorias en carreras como el Marathon du Mont-Blanc, Pikes Peak Marathon, Dolomyths Run, Broken Arrow Skyrace, Limone Skyrace, The Rut y Matterhorn Ultraks, además de finalizar segunda en Sierre-Zinal.
Pero lo que más recuerdo no son sus resultados.
Megan era una de esas personas que siempre parecía tener una sonrisa en el rostro. Era humilde, amable, trabajadora y profundamente respetuosa con todos los que la rodeaban. Nunca buscó ser el centro de atención, incluso cuando ganaba algunas de las carreras más importantes del mundo.
Recuerdo una conversación antes de una carrera. Me contó que había dormido mal, que se sentía estresada e inquieta. Me sorprendió porque, desde fuera, no se percibía nada. Se mostraba exactamente como siempre: tranquila, concentrada y serena.
Esa conversación se ha quedado conmigo.
Como atletas, entrenadores, responsables de equipos o aficionados, a menudo solo vemos lo que es visible. Las actuaciones. Las sonrisas. Los resultados. Las publicaciones en redes sociales. Rara vez vemos las batallas que se libran por dentro.
Megan era una persona muy reservada y no voy a fingir que sé todo lo que estaba atravesando. Pero su fallecimiento es un doloroso recordatorio de que nunca llegamos a saber realmente qué carga lleva alguien en su interior.
También es un recordatorio de que la transición después del deporte de élite puede ser increíblemente difícil. Durante años, los atletas dedican su vida a un objetivo, una rutina, una identidad y una comunidad. Y luego, un día, las carreras continúan sin ellos. El público sigue adelante. Los focos se apagan. Encontrar un nuevo propósito puede ser mucho más complicado de lo que muchos imaginamos.
Hoy, por encima de todo, quiero recordar a Megan por la persona que fue: una atleta extraordinaria, una competidora feroz y un ser humano excepcionalmente amable.
Descansa en paz, Megan. Dejaste una huella en nuestro deporte que nunca será olvidada».
Nacida en Denver, Colorado, en 1980, Kimmel creció rodeada de montañas que, sin saberlo, acabarían convirtiéndose en el escenario natural de su grandeza. Su irrupción en el panorama internacional fue tan contundente como precoz: en 2014, se colgó la medalla de plata en el Campeonato del Mundo de Skyrunning en Chamonix, un aviso de lo que estaba por venir.
La temporada 2015 fue el primer gran estallido de su leyenda. Ese año conquistó la Dolomites SkyRace®, firmando además el récord del recorrido, una marca que consolidó su estatus de corredora explosiva, técnica y capaz de rendir al máximo en los terrenos más exigentes. A esa victoria se sumaron triunfos en la Matterhorn Ultraks y en The Rut, dentro de la Skyrunner® World Series, donde su nombre empezó a sonar con la contundencia de las grandes dominadoras.
Pero sería 2016 el año que la elevaría definitivamente al olimpo del skyrunning. Kimmel ganó la Migu Run Skyrunner World Series en la categoría SkyRace, encadenando victorias en pruebas icónicas como Livigno SkyMarathon, Matterhorn Ultraks, Limone Extreme, The Rut y la Yading Skyrun, que repetiría en 2017 y 2019
Su capacidad para competir a nivel mundial, adaptarse a altitudes extremas y mantener una regularidad casi inhumana la convirtió en una referencia absoluta para toda una generación de corredoras.
En 2018, Megan Kimmel volvió a demostrar que su talento no tenía techo al batir el récord de la Maratón de Pikes Peak, una de las pruebas más emblemáticas y exigentes del calendario estadounidense. Un año después, en 2019, sumó nuevos triunfos internacionales en la Monte Awa SkyRace® y en Transvulcania Japón, ampliando un palmarés que ya era, por entonces, uno de los más impresionantes del circuito mundial.
Más allá de los resultados, Kimmel representó un estilo: ligero, fluido, agresivo en el ascenso y valiente en el descenso, una forma de entender la montaña que combinaba técnica, sensibilidad y una conexión profunda con el entorno.
Hablar de Megan Kimmel es hablar de una atleta que marcó un antes y un después en el skyrunning. Su impacto no se mide solo en victorias, sino en la inspiración que dejó en corredoras jóvenes, en la evolución del nivel competitivo femenino y en la manera en que ayudó a internacionalizar el deporte.
Su figura sigue siendo un referente para quienes entienden la montaña como un espacio de libertad, desafío y belleza. Una corredora extraordinaria. Una competidora feroz. Una deportista cuya historia seguirá viva en cada sendero, en cada dorsal y en cada línea de meta donde alguien sueñe con correr como ella.