Hubo que esperar mucho tiempo hasta que Zaragoza tuvo su maratón. Años de iniciativas, rumores, bulos, inocentadas del 28 de diciembre… y nada. La línea azul parecía un espejismo más propio de una maqueta de urbanismo que de una ciudad que aspiraba a correr 42 kilómetros. Tuvo que llegar la Expo 2008 para que, por fin, el sueño se pintara en el asfalto.
La primera edición, en 2007, fue casi un acto de fe. Y lo cierto es que, nosotros los primeros, no le augurábamos un futuro muy largo. Zaragoza nunca ha sido precisamente la alegría de la huerta en lo que a animación se refiere. Aquí la gente no se echa a la calle porque sí; lo hace en puntos muy concretos, casi por tradición familiar. Vamos, que el maratón no movía masas más allá de los que corríamos y los amigos que venían a sujetarnos la sudadera.
A eso se sumaron años de obras, desvíos, zanjas y tranvías que parecían diseñados expresamente para impedir un recorrido estable. Cada edición era una negociación con la ciudad, un pacto temporal con las vallas naranjas. Y las fechas tampoco ayudaban: primero noviembre, luego septiembre, siempre con la sensación de que Zaragoza te podía regalar un día perfecto… o un vendaval digno de epopeya.
Pero el maratón sobrevivió. A una riada, a una pandemia y a la eterna duda de si esta vez sí, esta vez no. La edición de 2021 marcó un antes y un después. La entrada de Last Lap junto a RunningZGZ profesionalizó la carrera, la edición de 2022 —Campeonato de España— la colocó en el mapa nacional, y desde entonces Zaragoza dejó de pedir permiso para estar entre los grandes.
Y llegamos a 2026. El 12 de abril será, muy probablemente, el día que muchos soñaron en aquel lejano 2007. Porque este año el Maratón de Zaragoza no solo se consolida: se redefine.
El nuevo recorrido —más rápido, más lógico, más amable con el corredor— es la gran noticia. Se mantiene la esencia de las últimas ediciones, pero por fin se corrige lo que todos sabíamos que había que corregir: menos giros imposibles, más continuidad, más ciudad real. La entrada por el Ebro vuelve a ser protagonista, pero ahora con un trazado que respira mejor, que fluye, que invita a correr. Y sí, también a volar.
La salida en Plaza del Pilar, el paso por el centro histórico, la ribera limpia y amplia… Zaragoza 2026 es un recorrido pensado para hacer marca y para disfrutar. Y eso, en una ciudad que siempre ha tenido fama de dura, es casi revolucionario.
Zaragoza ya no es “ese maratón que intenta crecer”. Zaragoza ya está en el top nacional. Y lo está porque ha entendido que un maratón no es solo una carrera: es una ciudad que se reconoce en sus calles. La percepción ha cambiado. El corredor popular lo sabe. La élite lo sabe. Y, por fin, la ciudad también empieza a saberlo.
Este 2026 no es una edición más. Es la edición que confirma que el maratón ha encontrado su sitio, su fecha, su recorrido y su identidad. La edición que demuestra que Zaragoza puede ser una gran ciudad de maratón sin complejos, sin excusas y sin depender de coyunturas externas.
Todos los ingredientes están ahí: un trazado mejorado, una organización sólida, una participación histórica y una ciudad que, poco a poco, empieza a entender que animar también es correr. Por si todo esto no fuera suficiente, la meteorología ha decidido ponerse épica. Porque va a hacer malo. Muy malo. De ese malo que en Zaragoza no necesita presentación: viento serio, lluvia intermitente y esa sensación de que el Ebro te mira de reojo, como preguntándose si no sería mejor quedarse en casa.
Pero incluso así —o quizá precisamente por eso— esta edición tiene un aura especial. Porque cuando el clima se complica, el maratón se vuelve más maratón.
El domingo, el maratón será el gran escaparate de Zaragoza.