Muchos años antes de que existiera el Ultra Trail del Mont Blanc, de que a Catherine y Michel Poletti se les ocurriera poner en marcha la que hoy en día es la carrera más importante del mundo, ya existía el ultratrail. Ya se corrían cien millas en Estados Unidos y ya llevaba unos cuantos años celebrándose una prueba que es religión en Francia, el Grand Raid Reunión, o la Diagonale de Fous. Hace años ya estaba inventado un deporte aunque, ni de lejos, sus creadores podrían pensar que llegaría al nivel de la actualidad, por seguimiento y por calidad. Era 1989.
Más de tres décadas después, la prueba sigue siendo una de las referencias absolutas del ultratrail mundial. No sólo por su antigüedad o por la dificultad de su recorrido, sino por algo mucho más difícil de construir: la identidad. La Diagonale des Fous pertenece a La Réunion y La Réunion pertenece a la Diagonale.
La isla volcánica situada en el océano Índico alberga cada mes de octubre uno de los mayores desafíos que puede afrontar un corredor de montaña. Un recorrido que atraviesa la isla de sur a norte encadenando alrededor de 180 kilómetros y más de 10.000 metros de desnivel positivo a través de terrenos que parecen reunir todos los paisajes posibles: senderos volcánicos, selva tropical, profundas gargantas, interminables ascensiones y crestas donde el calor, la humedad o el barro pueden convertirse en protagonistas.
No es casualidad que la carrera reciba el sobrenombre de «carrera de los locos». La Diagonale exige resistencia, capacidad de adaptación y una fortaleza mental que pocas pruebas reclaman con la misma intensidad. Los tiempos de los mejores corredores sorprenden, pero quizá lo haga todavía más el hecho de que miles de participantes continúen luchando durante dos y hasta tres noches para alcanzar la meta de Saint-Denis.
Sin embargo, reducir el Grand Raid a su dimensión deportiva sería un error. Lo verdaderamente extraordinario ocurre fuera de la clasificación.
Durante los días previos y las horas de competición, La Réunion se transforma. Las calles, los pueblos y los puntos más remotos del recorrido se llenan de vecinos que animan a los corredores a cualquier hora del día o de la noche. Familias enteras esperan el paso de los participantes en lugares a los que sólo se accede caminando durante horas. Las estaciones de asistencia se convierten en puntos de encuentro y la carrera impregna conversaciones, medios de comunicación y vida cotidiana.
Pocas pruebas en el mundo mantienen una conexión tan profunda con su territorio. Quizá por eso la Diagonale des Fous ha conservado una personalidad propia incluso en una época en la que el trail running se ha globalizado y profesionalizado a gran velocidad. Para muchos aficionados franceses sigue siendo «la carrera», una de esas pruebas que trascienden el ámbito deportivo para convertirse en patrimonio cultural.
El éxito del Grand Raid encuentra precisamente ahí su principal explicación: en la extraordinaria simbiosis entre la organización, los corredores y los habitantes de la isla. Miles de voluntarios participan cada año en un dispositivo organizativo que se ha perfeccionado durante más de treinta ediciones. La experiencia acumulada se percibe en cada detalle, desde la logística hasta la gestión de una prueba que moviliza a decenas de miles de personas entre participantes, acompañantes y público.
La Diagonale des Fous pasó por el Ultra Trail World Tour, pero nunca dio la sensación de necesitarlo. Mientras muchas carreras buscaban visibilidad internacional agrupándose bajo distintas marcas y circuitos, el Grand Raid ya era una institución. Su prestigio no dependía de un sello externo ni de una clasificación mundial. Dependía de casi cuarenta años de historia, de una isla completamente entregada a su carrera y de una personalidad imposible de replicar. Réunion entró en el World Tour y salió de él sin que cambiara absolutamente nada de lo esencial: seguía siendo una de las carreras más deseadas, más respetadas y más influyentes del ultratrail mundial. Porque algunas pruebas buscan un lugar en la historia y otras, como la Diagonale, llevan décadas ocupándolo.
Pero ni la mejor organización del mundo podría sostener durante tanto tiempo un evento de esta dimensión sin un escenario excepcional. La Réunion ofrece uno de los entornos más espectaculares del planeta para la práctica del trail running. Sus circos volcánicos, sus barrancos y el omnipresente Piton des Neiges conforman un territorio salvaje que convierte cada edición en una aventura.
Año tras año, los mejores corredores del mundo siguen sintiendo la llamada de la isla. No sólo por la dureza del recorrido o por el prestigio que supone inscribir su nombre en el palmarés, sino porque pocas carreras conservan una atmósfera tan auténtica. La Diagonale des Fous no necesita reivindicar su lugar en la historia del ultratrail. Lo ocupa desde hace más de treinta años.
Y quizá esa sea su mayor grandeza. Mientras el deporte continúa evolucionando, creciendo y transformándose, La Réunion sigue demostrando cada octubre que algunas carreras son mucho más que una competición. Son parte de la identidad de un territorio. Y pocas lo representan mejor que la Diagonale des Fous.
Entre los corredores que tomarán la salida este 2026 destacan nombres que no estuvieron en Chamonix a finales de agosto y que han decidido que su gran objetivo de final de temporada sea Réunion: Tom Evans, Ruth Croft, Jean‑Philippe Tschumi, Marianne Hogan y Manon Bohard. Un cartel que refuerza el carácter competitivo de una edición que presenta 180 kilómetros y 10.200 metros de desnivel positivo, ligeramente más larga que la de 2025. La edición 2026 comienza el jueves 15 de octubre a las 21:00 hora local, 19:00 en España peninsular.
