Épica cuarta etapa de #runforleucemia bajo la lluvia heladora del Denali

En la cuarta etapa de #RunForLeucemia, Marcos Yánez suma las zancadas y la historia de Christy Youngblood, quien venció a la enfermedad hace año y medio, corrió hoy “por los que no pueden” hacerlo y por un instante eterno hizo salir el sol sobre el lago Otto

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Entra la luz fría de una mañana nublada de montaña. Desde la habitación del albergue y camping Denali Grizzly Bear se ve un espectáculo: un río sonoro de 50 metros de ancho con el color de los minerales que lima de las montañas; picos oscuros blanqueados por neveros y cortados por una franja de niebla de la que sobresalen sus cimas; y una paleta increíble de verdes. Estamos en la puerta de una inmensa reserva de vida salvaje, ha llovido y la temperatura es de 6 grados centígrados.

Esta cuarta etapa (la penúltima) tiene muchos ingredientes especiales. Partimos de uno de los parques nacionales míticos de Estados Unidos, el Denali (con final en el lago Otto de Healy), y la superviviente de leucemia Christy Youngblood se ha ofrecido para acompañar a Marcos Yánez durante un tramo. Será su primera carrera de montaña (su pasión) después de vencer a la enfermedad hace año y medio.

Pero antes, la rutina de cada mañana durante este #RunForLeucemia. Marcos debe pesarse en ayunas; hoy 59’6 kilogramos. El organismo responde a la fatiga de muchas maneras, desde el cansancio y las bajadas de ánimo a las heridas en los pies.

La preparación es esencial en una carrera de montaña, en especial si se pretenden cubrir 300 kilómetros en cinco días. Hoy toca calzado específico de trail (con tacos para los tramos de montaña), medias compresivas (ayudan a reducir la fatiga muscular), camiseta térmica, impermeable, guantes y gorro. En el camel back (mochilita ligera con bolsillos) lleva el espray anti osos, 500 mililitros de agua en un soft flask, una manta térmica, móvil normal, teléfono por satélite para emergencias, walkie talkie, sales, barritas energéticas, dátiles y el característico tintineo del cascabel espanta osos. La doctora Sara Solano supervisa que lo único sin cabida en el equipo técnico sea la improvisación.

Marcos y Christy inician su camino bajo una lluvia fuerte. La sensación térmica cae, lo mismo que el aguante de las baterías de las cámaras. El tintineo del cascabel espanta osos se pierde a través del bosque.

Llamada de control desde el teléfono vía satélite. Ha pasado una hora y ha dejado de llover, aunque el frío y el terreno embarrado son inevitables. Dos horas después del inicio se produce la primera parada técnica en el Centro de Visitantes del Denali. Marcos resalta la fortaleza de Christy, quien se propone hoy una carrera de vida “por los que no pueden hacerlo”.

Decide continuar otro tramo, el ascenso a Mount Healy (1.737 metros de altura, que no de altitud). Entretanto, ocupo el tiempo en despejar una duda botánica en el Centro de Visitantes. Los dos tipos de pinos que hemos visto (uno esbelto y claro y el otro escuálido y negruzco) son de la misma familia, pero mientras el ‘black spruce’ crece sobre el suelo empantanado de la tundra (lo que limita su crecimiento a un metro cada 70 años con un tronco de apenas cuatro dedos de diámetro) el ‘white spruce’ crece sobre terreno drenado (en el mismo tiempo sube varios metros y el diámetro del tronco, sin ser extraordinario, es el de una palma de mano extendida).

Hoy nos acompañan dos directivas de Be the match, una organización estadounidense especializada en conseguir donantes. Linda Alexandre, jefa de Comunicación de la costa oeste (desde Alaska hasta California), y Tori Fairhurst, enfática captadora de nuevos donantes de médula, desde universidades a centros comerciales. Han venido con un megáfono y un gran cencerro, además de entusiasmo al más puro estilo USA.

“Que hayan venido desde España me da ánimos para continuar mi labor, porque en el caso de la leucemia el factor étnico/genético limita las posibilidades de encontrar un donante compatible y es importante que haya donantes en todas las partes del mundo”, afirma Alexandre.

Segunda parada técnica. Christy se siente bien. Sus ojos azules iluminan.

Tercera parada técnica. La mirada de vitalidad e instinto deportivo de Christy delatan su intención de acometer el resto de la etapa. Marcos repone agua fresca y compensa el desgaste con porciones medidas de electrolitos, grasas y proteínas en distintos formatos. Hace dos horas que no para de llover, hay viento en altura y Marcos dice con expresión tensa que su reloj multifuncional marcó -2 grados centígrados en uno de los picos. Cambia el calzado de trail por otro de asfalto y la ropa mojada. Quedan 21 kilómetros por carretera sin resguardo posible ante esta lluvia heladora.

A las 16:45 horas aparece el vaho en la respiración. Las avionetas ya no se ven. Ni las montañas. Sólo pasan los sonidos de las hélices y del tren cercano a través de la niebla.

En carretera Christy da muestras de agotamiento. Eric, su marido, saca sus perros Zora y Marley del furgón para que la acompañen unos metros. La anima. Una pickup negra de cristales tintados para en el arcén. Un joven se acerca. Es el gerente de la empresa de helicópteros que mañana trasladará el equipo al Magic Bus. Nos reconoció por los patrocinios que colocamos en las puertas del coche. Empatiza con el proyecto y reduce su factura a la mitad. Cosas que nos suceden en esta parte de Estados Unidos (como que hoy hayamos entrado gratis al Denali porque tardaron más de un mes en contestarnos al permiso de grabación).

El final es en el lago Otto. Emoción, sonrisas y lágrimas contenidas (porque aquí reservan para sí este tipo de sentimientos). Eric y Christy se abrazan honda y largamente. “Y encima sale el sol”, comenta ella. Ese instante eterno de vitalidad solar nos recuerda que estamos a una etapa de superar el reto Marcos Yánez en Alaska, inicio del otro reto que es conseguir 3.000 nuevos donantes de médula ósea en España y Estados Unidos.

 

 

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